Pensaba que tendría un mes de noviembre tranquilo… ¡Pues nada! Noviembre igual septiembre, que octubre… ¡Nada de tranquilidad! Y para más inri, mi chica me dice que se ha presentado voluntaria para bailar sevillanas en el cole, por la celebración del Día del Flamenco, y que necesita uno de sus trajes de flamenca… ¡ainsss, madre, qué me da!
Con la de cosas que tengo en mi agenda por hacer y hay personas que tienen todo el tiempo del mundo. Y lo digo por la cantidad de sandeces que leo al cabo de día. Personas que se preocupan por el yo y no por el nosotros. Personas que ponen por encima de todos, a pesar de estar el conjunto herido. Sin embargo, para ellos es más importante ser que estar al pie del cañón y ayudar.
Matan por un minuto de gloria que, con el paso de los años no será ni eso. Acude a eventos sociales con el único afán de sentirse arropado por unos pocos palmeros que cada vez hacen menos ruido. Y menos mal, porque al ruido se le vence con música.
Me gustaría recordar a un maestro de E.G.B. que, ante la grabación con la parte punzante de un compás en la mesa por parte de un alumno, le dijo: «el nombre de los tontos está en todos lados». Todos nos reímos ante ese comentario que no entendimos, pero que con el paso del tiempo soy consciente de la verdad tan absoluta que es.





