Sendero de Sueños | La Casa de la Madre se respeta

19 de febrero. Acabo de pegarle el primer sorbo al café en el bar de todas las mañanas antes de entrar a trabajar en el instituto. Es demasiado temprano. Me dispongo a echarle un vistazo a las redes sociales y ¡cataplúm!, la primera en la frente. En el Facebook de un amigo de Almonte un desagradable vídeo. Ese vídeo que pongo al final de mi Sendero.

Tuve que verlo un par de veces o tres, incluso descargármelo para entenderlo, pues es incomprensible para cualquiera. ¿A qué viene esto ahora? ¿Es necesario? ¿Hay necesidad de dar ese espectáculo? Señores, sólo les digo una cosa: ¡la Casa de la Madre, se respeta!

Ahora vendrán quienes salgan en su defensa y dirán que los provocados son ellos. Nada más lejos de la realidad, pues se ve perfectamente como los santeros y personal del Santuario van con intención de hablar y son empujados y zarandeados, o al menos es lo que se intenta.

He leído qué si no se conocen las normas o se conocen en el momento, se acatan de inmediato. ¿Qué normas? Ahí se ve como entra el Simpecado arropado por varias personas y, desde el primer momento, una mujer agarra del brazo a un almonteño. ¿Qué pretendía? La norma dice que, el día de la Misa Extraordinaria, el Simpecado entra con el portador y acompañantes, yéndose los hermanos por las naves laterales del Santuario. No obstante, hay hermandades que entran con el Simpecado portado por varios hombres y arropado por hermanos, pero entran con el respeto que se debe de tener, sin alardes de nada, sin crear problemas con los demás y son más que respetados por todos.

En este momento se me viene a la memoria la sevillana del grupo almonteño Varales, titulada «Hablando claro», y quiero extraer unos versos de su último palo «Dime porque eres distinta y causas tantos problemas…». Y al final nos quieren hacer ver qué todas somos iguales. Pues no, ¡no somos iguales! Y bien alto que lo digo. Y con esto no quiero decir que esté de acuerdo con todas las normas y acciones de Almonte. Pero, ¡se le respeta! Y si se le tiene que decir algo, se le dice, pero no se le provoca.

Y como no lo somos, al igual que le decimos a nuestros hermanos de sangre lo que no hacen bien, en este caso debemos hacer lo mismo, afearle este comportamiento tan ruin a esta Hermandad.

Vuelvo a repetir que no entiendo esta provocación gratuita y esta falta de respeto sin sentido que, a mí juicio, debe tener alguna consecuencia. Y si la hay, unirnos a la Matriz, porque estos comportamientos no pueden ser admitidos y silenciados por las demás.