Pues sí, ¿por qué no? También voy a hablar del cartel de moda. El cartel de la Semana Santa de Sevilla 2024. Total, lo están haciendo los que viven de Despeñaperros pa’rriba…
La otra noche, acostada con mi hija de ocho años en la cama, me dio por enseñarle el cartel y preguntarle si le gustaba. Su contestación fue rotunda: – ¡no, mamá! Sorprendida por esa seriedad, le pregunté el porqué y antes de su contestación le enseñé el cartel de la Semana Santa de Almería, realizado por mi amiga, Nuria Barrera, y le dije: – cariño, aquí el Señor también está «semidesnudo», sólo lleva el sudario. Su contestación fue: – mamá, al otro le tenían que haber puesto algo detrás… Un nazareno, una Virgen… Imaginaos mi cara. Una niña de ocho años, sin politizar, sin hablar de géneros sexuales, había dado en la tecla. Para ella era el Señor, pero le faltaba algo. Y le faltaba lo más importante, la religiosidad popular.
Tengo que confesar que, cuando me levanté de su cama y me dispuse a cenar, mi cabeza no dejaba de darle vueltas a lo que me había dicho. ¿Habría dado con la madre del cordero una niña de ocho años? Indiscutiblemente a la obra de Salustiano no se le podía ni se le puede poner ningún pero, en lo que a técnica se refiere. Es impecable. El trazo es espectacular. El color. La proporcionalidad… El sudario, las potencias, el estudio del cuerpo humano… Todo. Sin embargo…, algo fallaba.
Y sí, llegué a la conclusión que era lo que había dicho mi hija. Faltaba la religiosidad popular. Porque eso es la Semana Santa. Nuestra religión de la calle. La del pueblo. La máxima expresión de nuestra fe. Y eso es, al fin y al cabo, lo que queremos que represente nuestro cartel. Da igual de donde sea. Queremos que el vellito se nos ponga de punta, como solemos decir aquí. Y el cartel… ¡no lo ha conseguido! Habrá conseguido otras cosas, pero no esa.
Según la Conferencia Episcopal Española «la fe, que llegó a la Hispania romana en el primer siglo de nuestra era, se mezcló con las formas de vida, con costumbres ancestrales, con el calendario agrícola, con la idiosincrasia popular y dio lugar a una cultura propia en la que la expresión festiva de la religión es un elemento más», y eso es lo que falta. Nuestra idiosincrasia. Un nosotros.
Y es importante que aparezca esa religiosidad popular, ese nosotros, porque ya lo dijo Su Santidad el Papa Francisco: «se trata de un precioso tesoro de la Iglesia católica y en ella aparece el alma de los pueblos». Si dejamos pobres los carteles de eso, no refleja nada. Es una obra pictórica más, que bien podría estar en la pared de cualquier museo por su buena técnica, pero jamás, llegará al corazón del cofrade.





