Sendero de Sueños | Querido compañero y amigo

Hay quien le escribe a las trabajaderas y a quien lleva al lado. A su compañero de fatigas en largas noches de invierno y caluroso día de salida. Pocos se acuerdan de ti. De hecho, muchos hasta reniegan de tenerte como acompañante aludiendo excusas baratas.

No es fácil estar a tu lado. Eres cansino. Haces hasta que me duela el alma, cuando de regreso vamos llegando a casa. ¡Me pesan hasta las pestañas! Haces una labor callada. Cuando nos vemos, somos uno entre muchos; sin embargo, estamos predestinados. El destino nos tiene preparado el mejor de los días.

Tú haces que pueda llorar de emoción y reír de alegría sin ser observada. Junto a ti, puedo hacer felices a cientos de niños que se me acercan con la ilusión de la más pura inocencia. Mi mano acaricia la más pura miel de las flores de esta santa primavera.

Muchos reniegan de ti porque siempre vas cogido de la mano del anonimato. No quieres ser protagonista ni salir en los diarios al día siguiente. No quieres fotos ni vídeos. Tu Estación de Penitencia es sosegada, calmada, sin aspavientos. Un caminar tranquilo por el sendero de sueños que lleva a Jesús a través de María. Tú no necesitas de días especiales. Tú sólo necesitas las manos de aquellos que, a pesar de los pesares, se mantienen callados, y sólo alzan la voz antes grandes injusticias y cuando el tiempo es el idóneo.

Aquí estoy. Esperando de nuevo un Miércoles Santo. Ese día en el que cogidos de la mano volvamos, siempre bajo el cubrerrostros, con dolor de cabeza, de espalda y de rodillas, a vivir una gloriosa Estación de Penitencia, sin excusas baratas.

Mi querido compañero, mi querido amigo, mi querido cirio…