Queridos Reyes Magos
Como cada año, aquí tienen mi carta. ¡Tarde, como siempre!; pero ya lo dice el refranero español, «más vale tarde que nunca». Además, como saben, nunca pido cosas materiales.
A mi querido Melchor, el más viejito, le pido sabiduría y templanza para las decisiones que se han de tomar, para que se intente que sean por el bien común. Que su sapiencia sea luz que guíe a los mandatarios de nuestras hermandades e instituciones eclesiásticas. Que no se dejen llevar por el ego ni por el ansia de poder.
A usted, querido Gaspar, le pido cordura. Con su madurez le pido que haga ver que no toda la verdad está en uno mismo. Le pido que sea ancla en este mundo donde la ceguera y la sordera se vuelven fieles compañeras. Que las personas se pongan en el lugar del hermano e intenten comprender el porqué. A veces el diálogo no es posible, pero por lo menos, pido tolerancia. No siempre la verdad está en un lado de la balanza… Pido escucha activa.
Y a ti, mi amado Baltasar, te pido para los niños y jóvenes de nuestras hermandades. Ellos tienen que ser nuestro relevo. Te pido que encamines las decisiones y actos de los vocales de juventud para que siempre sean fruto del amor, la compasión y el sentido de servicio e ilusión por un futuro mejor.
Como cada año, les pido una Semana Santa plena, donde el sol brille en el cielo. ¡Un año sin miedo, por favor!
Siempre impaciente con su llegada… Raquel Medina Rodríguez





