Queridos, ya vuelta a la rutina, aunque los maestros, como los niños, volvemos mañana. No obstante, hoy queda recoger la casa, planchar, comenzar a preparar comidas para el día siguiente… Uufff, no sé qué es peor. Pero bueno, lo vivido, vivido está y que nos quiten lo bailao. ¿Qué tal se han portado Los Reyes? Espero que muy bien. Yo, no me puedo quejar, la verdad. Se ve que no he sido tan mala como me pintan o que ellos han sido benevolentes.
No quería dejar pasar el momento de agradecerle a la vida por el legado que me dejaron. Esa ilusión de ser niña siempre. En saber que la magia es posible. En la fe y la esperanza de creer sin ver. Sus Majestades volvieron a pasar por casa, pero el mejor regalo lo dejan después, la reunión de pequeñas y mayores. La familia. Risas y juegos. Abrazos. Ojos vidriosos recordando a aquél que se volvía niño a pesar de tener canas, a aquél que disfrutaba de este día en la Cabalgata y dejándole a Sus Majestades un «agüita de romero» (whisky con Seven Up) porque ya estaban cansados de leche y galletas, jijiji. Él nos enseñó que la magia vive en cada uno de nosotros y, que, además somos los encargados de que siga siendo así.
Por cierto, ¡qué ya le hemos visto la espalda a Baltasar! ¡quedan 99 días para volver a vivir la fiesta de la familia en casa. Ese día en que somos portadores de paz y de esperanza. Ese día en el que los nervios son iguales a los vividos en la noche del 5 de enero. Cada uno irá en su lugar, ese lugar elegido por el Señor para acompañarlo, mientras soñamos con la blancura de la Madre celestial.
Recuerden lo vivido. Sueñen con lo que está por llegar, pues seguirá siendo la más hermosa y bonita época.





