Comienza, sin duda, uno de los tiempos litúrgicos que más espera la gente. Un tiempo de espera que, cada persona lo vivirá de una manera diferente.
El Miércoles de Ceniza es un día señalado para los cofrades, pues comienza, como se suele decir, la cuenta atrás. Cinco domingos nos separan del Domingo de Ramos, ese día en el que, si «no estrenas, se te caen las manos». El día familiar de la Semana Santa. El día de los niños. Esa mañana de palmas e ilusión dibujadas en los rostros de los cofrades.
Este año, por circunstancias especiales, mi hija no podía asistir a la misa de la imposición de las cenizas. Una eucaristía que ella espera con ilusión. Sin embargo, hoy me ha llegado una grata noticia. Su cole, uno público de la ciudad de San Rafael, los llevará a su parroquia para asistir, junto a sus compañeros, a la Santa Misa.
Cómo maestra veo cada día como en los centros públicos de enseñanza dejamos de lado nuestras tradiciones, nuestras costumbres, incluso cuidamos, en la organización de actividades, de no dañar las sensibilidades de familias y alumnado; no celebrando, en ocasiones, fiestas propias.
Me ha alegrado mucho la noticia de la asistencia de los niños a la parroquia. Basta ya de complejos dentro de los centros de enseñanza pública. Si religión es una asignatura, como tal deben tener actividades complementarias, tanto dentro como fuera del centro. Sin embargo, por el respeto a la minoría, vamos perdiendo la celebración de nuestras fiestas en el ámbito escolar.
¡Mi felicitación al claustro del colegio por esta iniciativa!





