Sendero de sueños | Volverte a encontrar

Casi de puntillas llegan las mejores cosas, las mejores noticias… Hoy, por fin estás en casa. La espera ha terminado. Tus hijos nos hemos vuelto a mirar en tus ojos. Y no digo sentirte cerca, no lo hago porque un hijo jamás se olvida de su madre.

Llegaste para recordar que aquí todos estamos de paso, lo único y verdaderamente perdurable en el tiempo, eres Tú y tu Bendito Hijo. Nosotros solo somos meros personajes en una historia común. Tú eres lo que sostiene este barco. Y ya lo has visto, Madre, el ancla se ha tambaleado un poco. No obstante, estoy segura que, con tu presencia, volverá a agarrar en tierra firme y el barco volverá a navegar en mar tranquilo.

Antes de que el sol hiciera acto de presencia ya se adivinaba lo que ocurriría en escasos instantes. La puerta se abrió. Aún había estrellas iluminando el cielo de Sevilla, pero el Sol se hizo inmenso en La Resolana. Su dueña, La Esperanza, estaba de nuevo en casa para que pudiésemos volver a encontrarnos con sus ojos.