Self-made man se decía en inglés. Y se decía, porque el hombre hecho a sí mismo nace de una construcción intelectual liberal y es algo de lo que siempre ha habido poco en Europa y, menos, en España.
En Andalucía ya casi es un dato exótico y en las cofradías dos o tres figuras son las que apenas representan ese concepto. Eso sí, abundan los sucedáneos, los que se autodenominan autodidactas en cualquier disciplina cofrade y, de tanto auto, parece una muestra del concesionario que anuncia Pedrerol con Fernando Alonso.
El ámbito de los capataces está lleno de autodidactas, de hombres hechos a sí mismos a base de coger el primer martillo que le ofrezcan y de ofrecerse para coger todo martillo que se mueve.
Y es que los martilllos parecen reptar ondulados como la serpiente (no, o sí, que refería Manolo Santiago) y necesitarían la perpetua representación de San Miguel o de la Virgen pisándola, como muestra del triunfo ante el demonio, ante el pecado.
Y ya que estamos en la Inmaculada, pisar a la serpiente es casi una obligación en el día de la patrona de las Españas. De manera que señalar con el dedo a quienes se han ido ofreciendo para suceder al capataz que al final no se fue, más que una resurrección ha acabado en la tumba de los mediocres.
Por cierto, los mismos que ya demostraron su “nivel” cuando dimitieron por no poder gobernar a cierta cuadrilla o dieron un espectáculo procesional de soda y palomitas en aquella mítica tarde en que cualquier otro no se hubiera puesto nunca más delante de un paso.
Pero cualquier otro no es el afectado y perseguir martillos (o encajarlos cual palio en calle estrecha) es lo suyo.





