Ser bético y cofrade, la garantía de una promesa cumplida

El Chimy Ávila se tatúa a la Esperanza Macarena

Hay futbolistas que son diferentes. La cosa se llama personalidad y va más allá del mero éxito deportivo, de marcar el gol en el momento decisivo o anotar 50 en una misma temporada.

Nada de eso. Es ver a alguien sobre el césped que sabes que no te enfrentarías a él, porque lleva la vida apuñalada en cada jirón de su piel. Así era El Apache Tévez y así el Chimy Ávila. Los dos han triunfado en el fútbol, cada uno a su escala, por su amor propio y sber levantarse cada vez que han caído.

En el caso del delantero bético, en su mejor momento estaba hecho su fichaje por el Barça. En Osasuna triunfaba y, en su momento más arrollador, llegó una grave lesión.

No ir a Cataluña era una señal y no por la política, sino porque en el horizonte estaba el Real Betis Balompié, un club a la medida de un tipo como Ezequiel, el Chimy. El rosarino se adaptó a las trece barras como si fueran propiedad suya e hizo una promesa, tatuarse a la Esperanza Macarena. Y ya lo ha hecho de la mano de Veguetto Tatto.

El rosarino lo prometió hace unos meses, cuando publicó en la red social X una foto delante de la Macarena con el siguiente mensaje: “Delante de la Virgen de la Esperanza, lo que más me conmueve de Sevilla. Pidiendo por mis hijos, por mi familia y por todos los béticos. Muchas gracias a la Hermandad de la Macarena por la acogida”. 

Allí prometió el tatuaje y el del Cautivo de Málaga (equipo en el que también jugó). La promesa la cumplió y es que ser como es El Chimy refleja lo que es al Real Betis y a ser cofrade.

Foto: Salva López