Sevilla reza cantando

Son las 4 de la tarde. La Calzada en su gran fiesta. Y Pilatos a Jesús, al mismo barrio lo entrega.

Así comenzaba una de tus sevillanas más conocidas, Pascual. Tú sabías tocar como nadie el corazón de esta tierra de Dios y María Santísima a la que tantas veces le cantaste.

Y hoy intentaré en estas breves líneas rendirte los honores que te mereces, de cofrade a cofrade, de admirador a artista, de periodista a juglar de fantasías costumbristas que saben a gloria.

Porque tú sabías muy bien, rapsoda ilustre de sevillanía destilada en canciones, el significado literal del paraíso terrenal: «Calle oriente, Martes Santo, tarde de sol, primavera».

Con esa simple frase ya lo envolvías todo, trovador de emociones, para enmendar los retales de la pasión por y para Sevilla, y transportarnos a aquella esquina, aquel detalle, aquella Imagen que rebosa arte, muchísimo arte:

¡Que arte tiene el cerero cuando te riza las flores o el florista cuando pone claveles en tus jarrones!

¡Que arte tiene el orfebre que te hizo la corona, tus varales, tu peana, tus candelabros de cola!

¡Que arte quien dibujara ese pañuelo que bordaron y ese pañuelo Que arte quien esculpiera tus manos y tu cara y tu sonrisa!

¡Que arte quien te vistiera y te pusiera en el paso!

¡Que arte quien te subiera y el que te pone las velas sobre tu candelería!

¡Que arte quien las enciende!¡que arte tiene María la que hace capirotes de cartón a la «medía»!

¡Que arte tiene el que teje esparto de cofradía!

¡Que arte hacer la ropa… y llevar una escalera para subirse a tus plantas y estar contigo más cerca!

¡O llevar un cantarito con agua pál costalero…!

¡Que arte tiene la mano del capataz de Tu reino!

¡Que arte tiene el que canta desde un balcón la saeta!

¡Que arte ser contraguía que sigue tu manigueta!

¡Que arte tiene la banda que toca pá que Tú bailes!

¡¡¡Que arte tiene Sevilla!!! ¡¡¡Que arte, por Dios, qué arte!!!

Y, entre tanta algarabía de ilusiones perfumadas de azahar, alfombra de cirios efímeros y redobles de tambor con plumas blancas con sabor a Madrugá, nos llevamos, querido Pascual, al más absoluto y respetuoso silencio:

Una de la madrugada

La noche queda callada

Y el chirrear de un portalón, lo abre

Silencio, ya sale.

Capirotes espigaos

De color negro enlutao

Cruzarán por la ciudad que espera

Silencio, ya llega.

¡Ya viene Jesús

Llevando su cruz

Que mira hacia el cielo

Silencio, silencio,

Jesús Nazareno!

Siempre serás, querido Pascual, cantor de una Hispalis moruna y deslumbrante, rey de las sevillanas cofrades y el pregonero sin atril más grande que ha parido el Guadalquivir.

Tu legado inmemorial estará en esas benditas letras, en tus recuerdos, en la voz rasgada con la que soñabas palios en la calle y cielos de farolillos.

Por ello, Pascual, te volveremos a ver aunque no estés con tu capa blanca almidoná en el barrio de la Calzá el próximo Martes Santo.

Y después, cuando la pasión ponga el punto y seguido a la primavera, florecerás como un clavel colorao mientras se enciende la portada en el real, para dar nuevamente un paseo celestial por el epicentro del color y la alegría.

Gracias Pascual por todo lo que nos has dado. ¡Al cielo contigo, cantor!