Un día más en este particular espacio de opinión vuelvo a dirigirme a los queridos lectores de Gente de Paz para tratar uno de los temas candentes de nuestra Semana de Pasión, el cual, con la inminente llegada de la época estival y la importante presencia de eventos multitudinarios que cubren cada día nuestras portadas, ha quedado en un segundo plano.
La necesidad que surge a principios de siglo de incrementar el número de Corporaciones penitenciales de la Semana Santa ha permanecido latente en el colectivo cofrade durante los años posteriores a dicho período. Tanto es así, que las ciudades más agraciadas en materia de demografía han visto como la cifra de Hermandades que procesionan en Semana Santa se ha multiplicado hasta el punto de llegar a congestionar algunas de las jornadas que la copan. Ejemplos de ciudades como Córdoba o Jerez y el inquebrantable afán de expansión de la capital hispalense han servido como modelos a otras ciudades que arden en deseos de imitar a las más ansiadas Semanas Santas de Andalucía.
No obstante, esa inquebrantable pretensión se ha encontrado con uno de los principales obstáculos que afectan hoy en día a la gran mayoría de las Cofradías del viejo orbe; el factor humano. Y es que la falta de margen de crecimiento debido a la escasez de integrantes dentro del seno de algunas Hermandades configura un escenario complejo en un futuro no muy lejano de cara a favorecer el ingreso de más Corporaciones a la nómina de Semana Santa. Aún así, es lícito señalar que se trata de un problema que atañe en mayor medida a ciudades de media expansión y a pueblos más desarrollados, pero que también se han observado atisbos de este problema en diversas capitales, las cuales han adolecido de falta de personal en las filas nazarenas o debajo de los pasos.
La preocupación salta a la vista en lugares como Jaén, Almería o incluso en el caso de una macrociudad, como Málaga, la cual el imparable crecimiento de sus tronos y la involución del número de integrantes de las cuadrillas de hombres de trono ha dejado latente la necesidad de reforzar el grupo humano que conforma el groso de la Semana Santa malagueña. La capital jiennense no se queda atrás, y es que un total de seis grupos parroquiales han llamado a la puerta de entrada a la Semana de Pasión del Santo Reino en lo que va de siglo, de las cuáles cuatro ya procesionan por sus calles. Una muestra más de la coyuntura que dejan los nuevos tiempos y que chocan directamente con la inminente necesidad de potenciar el entramado humano de las Corporaciones Penitenciales ante la cascada de creaciones de estas asociaciones en el seno de las Parroquias.
Más conservadora es, aún, la situación de la capital almeriense, la cual mantiene una única Hermandad de Vísperas en su nómina. Aunque es incuestionable que en la primera década de este siglo, el número de Hermandades integrantes de la Semana de Pasión ha crecido considerablemente hasta alcanzar una cifra soportable y acorde al nivel demográfico de la ciudad.
Pero la sed de nuevas Hermandades y el miedo al inmovilismo y al estancamiento continúa produciendo visos de creación de nuevas pro-hermandades a la vez que la secularización de la sociedad es más latente, un factor con el que tienen que lidiar las Cofradías y una labor complicada poco acorde con como está configurada la colectividad actual.
Un enigma que el futuro más inmediato tratará de desvelar. Mientras tanto, el problema está ahí y la situación pandémica lo ha dilatado.





