El viejo costal, Opinión

Sobre todo sinceridad y paciencia

Parece que el brazo político de nuestra ciudad está dispuesto a permitir una Semana Santa sin ninguna limitación, supeditado al estado de las cifras en las fechas cercanas a la luna de nisán, de la misma forma piensa nuestra Agrupación de Cofradías, todo parece fluir de forma adecuada, y a pesar de desconocer lo que se piensa en palacio, creo que allí también soplan vientos favorables a la meta y aspiraciones de todo buen cofrade, de nuestra ciudad o de cualquier otra.

Y el aspecto de la manida curva de las estadísticas parece iniciar una caída leve, pero esperanzadora, todo apunta a que “creo que vamos a salir, creo que si, que este año salimos”, frase a la que todos nos ha hecho sonreír, desde el “Palermasso”. Pero como la sinceridad tiene una buena parte de su composición hecha de mala educación, la pregunta es ¿tú crees, de verdad, que vamos a salir?

Por una parte el estado de la pandemia, incontrolable e imprevisible, en buena parte por la falta de interés de todos los que vivimos, unos temerosos, otros valientes, otros más valientes llegando a rozar la temeridad, unos viviendo en sus castillos, otros desde sus chozas, todos con ganas, todos sin precauciones, todos por igual, valientes y cobardes, vamos a ver si salimos este año, si nos dejan, si queremos, o si podemos.

Por otra parte la dichosa puerta, que ni está ni se le espera, no he leído nada que pueda considerar cierto sobre si será, o no, repuesta, lo que impediría el paso de nuestros pasos, evitando que pasemos dentro de la Mezquita Catedral, no sé como se está moviendo este asunto, pero no he observado que desde la Agrupación se tenga previsto recorridos alternativos, emplazamiento nuevo de la carrera oficial, reestructuración de palcos y sillas de abonados afectados por el tema de la puerta, o por las limitaciones de la pandemia.

Seria seguro de mala educación, por ser sincero, señalar que quizás se debería de usar únicamente avenidas de las de mayor tamaño, al menos, por esta única vez, olvidándonos todos del entorno del casco viejo, de las calles entrañablemente estrechas, olvidándonos de cangrejear, fotografías únicas y cercanas de nuestros Titulares, evitar las esquinas y las populares o populistas aglomeraciones.

Si de verdad hay algo que la vida me enseñó es que el lugar es lo de menos, que lo importante es la forma, se puede ser feliz en cualquier sitio, y vivir lamentando cada segundo también en cualquier sitio, pero también me enseñó que es mucho mejor una choza donde se ríe que un castillo donde se llora.

Y esto no tiene la fácil solución, ni fácil ni complicada, ya veremos como nos sale la improvisación este año, veremos si el resultado de nuestra obras es choza o castillo, salida o claustral manifestación pública de nuestra fe, o si solo nos queda los cultos, o las veneraciones, o vaya usted a saber que es lo que queda.

Sea lo que sea los que nos quede, sea lo que sea lo que nos dejen, vivirlo con felicidad, con serena resignación, dando muestras de nuestra paciencia infinita, y lo repetiré mil veces, “las hermandades no piensan en años, han de pensar en siglos”, dos años son pocos para lo que somos capaces de resistir, y si salimos, “que yo creo que si, que vamos a salir” puedes olvidarte de todas estas palabras torpemente escritas, que no servirán de nada.

Sobre todo sinceridad, y paciencia.