Somos ilusión. Toda nuestra vida gira alrededor de proyectos que redundan en nuestra forma de ver las cosas; nos generan un sentimiento de ilusión que nos inunda y sobre el que radica la felicidad de cada uno. A nivel perceptible, los niños son los que muestran más ávidamente ésta complacencia o esperanza, y es en ellos donde se originan los más profundos sentimientos de felicidad que provocan fechas tan tradicionales como es el día en que sus Majestades, los Reyes Magos de Oriente, desembarcan en nuestra tierra. El motor principal del día de Reyes es, precisamente, esa ilusión de la que hablo hoy, no solo entre la infancia sino también en el resto de personas que vivimos y celebramos apasionadamente esta fiesta.
Es triste ver como este año la presencia de los Reyes Magos en las ciudades pueblos de España será efímera. Los gobiernos municipales y demás organizadores se han afanado en organizar eventos similares que sustituyan a los eventos estrella de este día, como son las grandes cabalgatas con desfiles de carrozas y pasacalles, imposibilitadas a causa de la situación sanitaria. Han salido a la luz ideas tan alocadas, en el buen sentido de la palabra, como los paseos en globo aerostático y parapente de Sevilla y Córdoba, algunas supeditadas, tristemente, a retransmisiones por RRSS y cadenas de televisión, como en el caso de Madrid y Zaragoza, y otras abocadas a la realización de cabalgatas estáticas en sitios como Guadalajara o Almansa. Desde Reyes Magos en coches descapotables hasta helicópteros y tractores, todo vale para desenvolver del polvoriento baúl de nuestro corazón la ilusión que eleva a este día a una de las jornadas más importantes en el calendario familiar.
Ilusión, esa que Melchor, Gaspar y Baltasar hacen vibrar con la misma fuerza en todos los lugares de nuestro país. Quizás el día que todos los españoles nos igualamos y creando un ente único… la ilusión.
¡Feliz día de Reyes! ¡Feliz día de la ilusión!





