Tiempo de reflexión

Hoy damos la bienvenida a la Cuaresma. Para los muy cofrades, ese espacio de tiempo en el que todo tiene un significado especial, en el que las emociones se exageran, y las tertulias se vuelven monotemáticas.

La Cuaresma para algunos, es como el inicio de la vida, como el despertar de un largo letargo, que en años como este, donde la semana santa es tardía, se traduce en una impaciente y excesiva espera. Es el momento en el que se puede hablar de semana santa con cualquiera y en cualquier lugar sin que te llamen “friki”. Es ese momento, en el que los cofrades más radicales comienzan a sentir que se les está escapando de los dedos el periodo tan esperado, y llevan su pena de tertulia en tertulia, sintiendo y reconociendo que en pocos días tendrán que esperar otro año, bueno un poco menos, unos 300 días aproximadamente, para poder volver a experimentar está explosión de sentimientos.

La Cuaresma es también el inicio de la primavera, es el espacio donde las agendas cofrades echan fuego y la logística y organización para poder acudir a los actos se eleva al grado superlativo. Es tal la concentración y la cantidad de actos, que aquellos que quieren acudir a todo se ven por instantes desbordados, debiendo tomar pequeñas anotaciones para recordar si la flor de tal hermandad era la adecuada o no y si los cirios daban suficiente luz a la imagen. Ensayos, conciertos, cultos, fiestas de regla, vía crucis, actos y actos que van llenando los días y van preparando a los cofrades para su gran semana.

Quizás para muchos, lo expuesto sea una exageración, pero pienso que se asemeja a la realidad de la cuaresma actual. Estamos inmersos en una cuaresma cada vez más vacía de contenido espiritual, rica en actos pero pobre en esencia. Hoy miércoles de ceniza, todos estamos invitados a la reflexión y a la penitencia. Hoy, con el gesto de cubrir nuestras frentes con ceniza, estamos reconociendo la propia fragilidad y mortalidad de las personas, y lejos de ser un gesto puramente exterior, deberíamos tomarlo como signo de la actitud del corazón.

Creo que no debemos dejar que lo superfluo le gane la batalla a lo espiritual, pues la mejor manera de vivir la Cuaresma es disfrutando y exprimiendo la agenda a la vez miramos y exprimimos nuestro interior. Es un buen momento para la reconciliación, tanto para con nosotros mismos, como para con nuestros hermanos.