Opinión, Sendero de Sueños

Todo lo que Ella me regaló

Ya ha pasado casi un día de todo lo acontecido ayer. Un día que, a medida que avanzaba, tengo que reconocer me iba ilusionando más, aunque no esperaba mucho, la verdad. 

¿Valoración general? Positiva, indiscutiblemente, pero quien me conoce sabe que tengo cosas guardadas en el tintero. Sin embargo, creo que no es día de hablar de ello. Por suerte, o por desgracia para algunos, este espacio de expresión libre, lo tengo abierto siempre. Y en cualquier momento, daré esa opinión.

Hoy sólo quiero hablar de lo bonito que me hizo sentir ayer la Virgen. De todo aquello que me regaló a manos llenas y, a lo mejor, sin merecerlo. No sé.

Me regaló el reencuentro con hombres y mujeres de mi infancia. La alegría de un reencuentro en torno a Aquélla que nos unió. Muchos de ellos me dejaron siendo una niña o una adolescente y me reencontraron como madre. Besos y abrazos sinceros. Alegría por vernos de nuevo en lo que considerábamos nuestra casa.

Me regaló la mirada de una abuela a su nieta y viceversa. Un… «toma abuela esta estampa y la pones en la foto del abuelo». Me regalaron esas lágrimas de emoción y esa mirada cómplice entre una madre y una hija.

Me regaló una procesión con parte de mi gente. Bueno no… fui con toda, porque a todos los tuvimos presentes. Una procesión de risas, porque ayer era un día para estar alegres. Para disfrutar de cada momento que se vivía.

Me regaló la sonrisa de esa niña que me robó el corazón desde el momento en que nació y, que sin ser mi hija, daría lo que fuera por ella. Su mirada inocente viendo a la Virgen. Su alegría al vernos a mi hija y a mí. Su abrazo sincero y su vocecilla diciéndome tita Raquel y correteando feliz.

Me regaló una primera vez. Una primera vez de muchas.

Pero sobretodo me regaló su mirada. Su sonrisa de Madre. Su elegancia. Su complicidad. Su alegría. Su guapura. Su serenidad en estos tiempos en los que tanto la necesito. Porque eso es Ella. La Paz y la Esperanza que mi corazón precisa. Ella es el ancla que me hace falta para descansar en buen puerto. La que requiero para tener humildad en el corazón y paciencia en mi espíritu.