Suspira el ángel, visiblemente decepcionado, por las oportunidades perdidas que se materializan en traslados impropios que empañan la brillantez de la cita más importante y la ilusión de quienes ponen su juventud al servicio del presente. Suspira porque de poco sirve que a la vuelta todo sean detalles y porque lo que podría ser un preludio humilde y maravilloso, se ha quedado en un gatillazo que despertó hasta protestas entre algunos de los asistentes.
Suspira el querubín, alternando la carcajada y la vergüenza ajena, por quienes siguen utilizando las armas que no les pertenecen para su propio beneficio. Suspira por las fotos prestadas y por quienes pagarán el pato cuando el grifo termine de cerrarse y los voceros y jaleadores terminen reducidos a peones expulsados del paraíso del tablero.
Suspira al serafín, buscando oasis al otro lado del río, intentando dilucidar en qué reglas internas se concede al bloguero la capacidad para enriquecer la lengua con nuevas palabras que aún no se hallan en el diccionario. Suspira expectante a que llegue la próxima investidura para confirmar si se persevera por el camino de la creatividad o alguien se atreve a regalar un diccionario.





