Tres siglos y medio de estancia en la Parroquia de San Isidoro

El pasado 17 de abril, la Hermandad de San Isidoro conmemoraba trescientos cincuenta años de la llegada de la corporación a su actual sede canónica, la Parroquia de San Isidoro, a partir de la cual la cofradía adoptó su nombre actual. Fue tal día de 1668 cuando la autoridad eclesiástica, siendo entonces arzobispo de Sevilla Antonio Payno Osorio, daba los permisos necesarios para que la hermandad se trasladara al céntrico templo hispalense.

Con motivo de tal efemérides, y coincidiendo además con la festividad litúrgica de San Isidoro de Sevilla, el próximo jueves día 26 de abril, a las 20 horas, tendrá lugar en la parroquia homónima una misa solemne mediante el rito mozárabe. Este ritual religioso permaneció en la Península Ibérica hasta el siglo XI, cuando Gregorio VII impulsó la difusión del rito romano con el fin de unificar la liturgia de todos los países europeos cristianos. La eucaristía estará presidida y predicada por Geraldino Pérez Chávez, párroco de San Isidoro, maestro de ceremonias de la Santa Iglesia Catedral y director espiritual de la hermandad. El acto estará musicalmente acompañado por el Coro Música Sacra Hispalense.

La actual cofradía es el resultado de una unión otorgada en 1975 y confirmada en 2009 entre dos antiguas corporaciones existentes en la Parroquia de San Isidoro. La primera de ellas, la Hermandad Sacramental de San Isidoro es a su vez producto de la fusión de otras dos en 1788, denominadas Ilustres y Antiguas Cofradías Unidas del Santísimo Sacramento, María Santísima de las Nieves y Ánimas Benditas del Purgatorio. La primitiva Hermandad Sacramental se fundó en 1526, a la que se unió posteriormente la Hermandad de las Ánimas Benditas, fundada en 1528.

Por otro lado, la Hermandad de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas tiene su origen en el Convento de San Benito de la Calzada, cuando en 1605 unos fieles sevillanos se agrupa bajo las advocaciones de las Tres Humillaciones y Madre de Dios del Arco. Sin embargo, pronto pasaría a la Iglesia de San Roque, donde se pone bajo el amparo del gremio de los cocheros, lo que impulsó en 1632 a adquirir la primera imagen titular de la cofradía, ejecutada por Pedro Nieto Montañés.

En 1638, la hermandad se traslada a la Iglesia de Santiago, iniciándose entonces un momento de esplendor en la cofradía. Ya en 1668, la corporación decide trasladarse a la Parroquia de San Isidoro. El párroco de Santiago, viendo como el templo se quedaba sin tan devota imagen, la sujetó a la reja de la capilla que ocupaba mediante unas cadenas, impidiendo el traslado de la misma a su nueva sede. A finales del XX, el cardenal Bueno Monreal consiguió que la hermandad recuperara esta primitiva imagen, que hoy preside la sala capitular de la casa-hermandad.

Tras este lamentable suceso, la hermandad encargó al escultor Alonso Martínez la hechura de una nueva imagen en ese mismo año. En 1687 se concierta con Francisco Antonio Gijón la hechura de un paso con el Señor caído y Simón de Cirene, aunque sólo consta como obras ejecutadas dichas andas, desaparecidas durante la invasión francesa, y la imagen del Cirineo. El traslado a la Parroquia de San Isidoro significó para la cofradía el comienzo de una época dorada, obteniendo en 1717 la propiedad de la capilla que hoy ocupa.

En el siglo XVIII, la corporación pierde el carácter gremial, llevándose también a cabo el cambio de la advocación de la dolorosa por Nuestra Señora de Loreto. Posiblemente con el cambio de nombre viniera también el cambio de talla, que sería ejecutada en 1717, cuya autoría se desconoce. Esta época de esplendor viene avalada, además, por ser la cofradía sevillana que salió consecutivamente durante más años, pues la estación de penitencia dependía de los recursos económicos de cada hermandad. Sin embargo, este siglo de bonanza se vería truncado con la invasión napoleónica, aunque la corporación resurgió favorablemente tras estos sucesos, auspiciada también por el ingreso como hermanas de la reina María Cristina y su hija, la futura Isabel II, así como los duques de Montpensier.

Desde 1920, cuando Benedicto XV nombra a la Santísima Virgen en su advocación de Loreto patrona de la Aviación Mundial, la hermandad está profundamente vinculada con el Ejército del Aire, el cual ha donado el singular avión de oro que porta la dolorosa en sus manos o la espléndida corona de salida. Fue en 1926 cuando la Virgen de Loreto fue nombrada patrona de la Aviación Española.

En la década de 1980, la Hermandad de San Isidoro se vio obligada a abandonar su templo por labores de restauración en el mismo. La cofradía, junto a la parroquia, se trasladaron a un local en la calle San Isidoro, realizando la función principal de instituto en la Iglesia de San Alberto de Sicilia de los Padres Filipenses, mientras que la estación de penitencia se efectuaba desde la Iglesia de la Anunciación. La cofradía regresó a la Parroquia de San Isidoro en diciembre de 1990, de la que desde 1668 ha debido salir tan sólo en una ocasión.