El Cirineo, 💙 Opinión

Un cabildo con un resultado ilegítimo

El próximo 14 de julio los hermanos de la Hermandad de San Gonzalo de Sevilla están llamados de nuevo a las urnas tras la celebración del cabildo de elecciones que tuvo lugar el 10 de junio, en el que no se alcanzó el quorum que exigen las reglas corporativas. En concreto, era necesario que votasen 897 (20% del censo), una cifra que, como anticipaban los datos de participación a lo largo de la tarde, no se alcanzó. Fueron 820 los hermanos que votaron de los cuales 722 lo hicieron por el único candidato en liza. La falta de 77 votos, en un cabildo de elecciones con un único candidato, ha propiciado que haya que volver a repetir el cabildo a mediados de julio. Habrá quien piense que es una barbaridad volver a celebrar unas elecciones, con la que está cayendo, y que una dispensa de palacio podría haberlo evitado. Yo en cambio, llámenme loco, sobre todo después de los bochornosos indultos perpetrados por el presunto presidente de todos los españoles, que las normas están para cumplirlas, aunque a veces sea incómodo. ¿Qué seguridad jurídica es aquella que se fundamenta en aplicar las reglas solamente en ocasiones? ¿Eh, Pedro?

Una creencia de la que estoy especialmente convencido en casos en los que se me antoja imprescindible exigir una mayoría reforzada. Y elegir a la persona que ha de regir los destinos de una hermandad, con la discrecionalidad que ello implica, así me lo parece. Como me lo parece en casos en los que la fisionomía de la cofradía se vea afectada o incluso en casos muchos más graves como la sustitución de un titular. Hace tan sólo unas semanas, la Hermandad de las Siete Palabras celebró un cabildo extraordinario para decidir si se incorporaba una nueva dolorosa como Titular de la corporación, en detrimento de la Virgen de la Cabeza. Más allá de la vergonzosa campaña de acoso y derribo protagonizada por determinados medios sevillanos en favor del cambio que ha colaborado decisivamente en lo apretado del resultado, éste fue de 158 hermanos que rechazaron el cambiazo frente a los 136 que votaron a favor. Piensen por un momento que el resultado hubiese sido inverso. ¿De verdad es lógico que 158 votos puedan decidir cambiar a la imagen titular de una hermandad? ¿No deberían exigirse mayorías especialmente cualificadas para supuestos de esta índole?

Una asamblea similar tiene lugar en apenas unas horas en el seno de una hermandad cordobesa, la Misericordia. Este miércoles, los hermanos que acudan a la llamada deberán respaldar –olvídense de la opción contraria- la propuesta formulada por la Junta de Gobierno que preside Juan José Maqueda, que consiste en modificar sustancialmente la fisionomía del paso de palio de la Virgen de las Lágrimas. Un cambio sustancial, que lo es por más que desde la Junta de Gobierno, con el apoyo inestimable de las vacas sagradas que la respaldan, se hallan esforzado en asegurar que el proyecto mantiene “la esencia” del paso.

De hecho la propuesta, que ya les digo yo que será aprobada por unanimidad o casi, propugna nada más y nada menos –lean atentamente- que recortar la longitud del paso manteniendo la anchura y la altura –condicionada por las dimensiones de la puerta del templo y la escasa altura de la Virgen de las Lágrimas. Además -anoten- prevé cambios en la mesa, implementar un suplemento en los varales que aumentarán su longitud 12 centímetros, acortar los respiraderos -60 centímetros- y la modificación de las bambalinas laterales que pasarán a ser corridas en lugar de sueltas. Adicionalmente, el paso pasará de siete a seis trabajaderas. Más allá del gusto de cada cual, personal e intransferible, un considerable cambio de la fisionomía del tradicional altar itinerante de la dolorosa cordobesa.

Podemos estimar que la hermandad tiene de 800 a 850 hermanos. ¿Cuántos acudirán este miércoles a votar? ¿Quiénes acuden habitualmente a un cabildo de estas características, más allá de los miembros de la Junta de Gobierno, sus familiares y algunos muy cercanos afines al cambio? Salvo hermanos muy comprometidos, ¿quién va a hacer acto de presencia, en mitad de una pandemia, un 30 de junio –repito de junio… de junio en Córdoba-, sabiendo el resultado de antemano? ¿Resulta defendible que un grupo reducido de hermanos puedan aprobar por mayoría simple de los asistentes semejante cambio? ¿No sería más lógico exigir un quorum considerable habida cuenta de la trascendencia de la propuesta? ¿Por qué no una mayoría reforzada como ocurre, por poner un ejemplo, con la mayoría que exige el ordenamiento vigente para modificar partes fundamentales de la Constitución Española?

En mi opinión, carece de sentido que, por ejemplificar, un grupo de medio centenar de hermanos, incluyendo la Junta de Gobierno y sus familiares, pueda adoptar cambios de semejantes proporciones en una hermandad y cualquier cambio que no esté respaldado por un porcentaje importante del censo de hermanos debería ser rechazado por ilegítimo. Sí, ya sé lo que me van a decir algunos. Acabo de decir que las normas están para cumplirlas, por lo que si las normas de la Misericordia no exigen un quorum o una mayoría reforzada hay que asumir el resultado. No me malinterpreten. Nadie duda que el resultado del cabildo será legal. Pero que sea legal no significa que sea legítimo. Los indultos vendidos por Pedro Sánchez a sus amigos son, en principio, absolutamente legales. Pero son ilegítimos.

No estoy proponiendo que no se aplique la normativa sino cambiarla cuando sea injusta. Si la norma permite resultados carentes de legitimidad, cambiemos la norma. No permitamos que un porcentaje ridículo de hermanos pueda cambiar la fisionomía de un paso de palio, aprobar un nuevo paso para el misterio, modificar el hábito de la cofradía o, llevándolo al extremo, sustituir a la dolorosa de una hermandad. Si las reglas lo permiten, cambiemos este absurdo. Dotémonos de mecanismos garantistas que impidan que un individuo o un grupo de ellos, en un ataque de megalomanía, puedan cambiar elementos fundamentales de una hermandad, su idiosincrasia o sus titulares, amparados en la desidia de la mayor parte de los hermanos de una cofradía que habitualmente asisten impasibles a la política de tierra quemada que ciertos dirigentes cofrades desarrollan durante sus mandatos.

Claro que esperar que los mismos dirigentes que, en base a la normativa vigente, tienen el poder casi absoluto de destruir lo heredado con la excusa de un puñado de votos, sean los mismos que propicien cambios para evitar desmanes probablemente sea pedirle peras al olmo. Un ejercicio de inaudita ingenuidad. Tal vez la única esperanza sea que desde instancias superiores, desde el Obispado, se inste a las hermandades a implementar este tipo de medidas. Se perdió una excelente oportunidad con el estatuto marco, pero siempre estamos a tiempo de poner en marcha recursos que impidan que el poder de decisión, al menos en cuestiones fundamentales, queden en manos de unos pocos, evitando que algunas hermandades sigan reducidas a meros cortijos.

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