El delegado de Fiestas y Tradiciones del Ayuntamiento de Córdoba podría catalogarse como un ‘verso suelto’ en el ámbito de las hermandades
Cuando el alcalde de Córdoba, José María Bellido, le encargo a Julian Urbano ser el encargado de mantener, entre otras muchas, la responsabilidad de las relaciones entre el Consistorio y las cofradías sabia que apostaba a caballo ganador. Su conocimiento de las hermandades es incuestionable y eso es ya un valor seguro
Sin embargo, Bellido debió ser buen conocedor (son amigos desde la juventud) de que Urbano es lo que un cofrade de su Hermandad de la Paz afirma con cierta admiración: “Julián es un verso suelto”. Y no le falta razón, porque en cuanto empiezas a hablar con él te das cuenta de que el lenguaje es de calle, de acera, de comentario viendo un paso, de admiración ante el solo de una marcha, pero también analítico, sin paños calientes ni mentiras piadosas, así como tampoco de ‘bienqueda’, como dejo claro con su salida de Vox cuando otros no fueron capaces de alzar la voz.
Además, Urbano es jurista, experto en Derecho de Familia y su cargo de concejal no le ha hecho abandonar su profesión. De ahí, que en él se vea el verdadero paradigma de la política, la vocación.
Julián (permítanme la licencia) sabe de costal y ha tocado en dos bandas, para quien suscribe ya es un concejal que sabe de lo que habla. Sin olvidar su paso por juntas de gobierno. Tuvo de maestro al capataz Juan Berrocal y ha dado clases de defensa personal. Para estas vacaciones tiene preparada la lectura de seis libros y la terminación de dos retratos. Todo eso en el tiempo de dos semanas que tendrá que compaginar con el descanso y la dedicación familiar obligada.
Y, entre tanto, en su despacho municipal, solo tiene un ventilador y un sol de justicia, porque el alcalde ahorra dinero para las cosas importantes de la ciudad y no le falta razón. Por eso, seguramente confío en Julián porque su labor es y será capital para las cofradías. Al tiempo.





