Un pecado capital

Existen siete pecados capitales, y en la naturaleza humana parece que está instalado el cometerlos de manera reiterada. Dicen los expertos y otros presuponen que la naturaleza humana se puede controlar con la educación y con la religión siendo parte de ésta.

El mundo cofrade no es una excepción a estas cuestiones, y más si se están en grupos de personas donde más se pueden dar estos pecados, pero hoy me quiero centrar en el que más estoy viendo en los últimos tiempos: la envidia.

La envidia es el pecado de los conformistas, de los que lo quieren todo sin trabajar nada, de los que quieren que le llegue todo del cielo en un acto de fe que sólo tienen para estos menesteres. También son de esta gente que todo lo quieren para ellos, pero luego nadie puede mejorar, ni hacer lo que ellos no quieren.

La música de Semana Santa en Sevilla está viendo cómo no sólo existen ellos en la música procesional, aunque sí que se ha de reconocer que en muchas ocasiones son los primeros y los líderes de un estilo musical que empieza a mover mucha gente. Muchos componentes subestiman sistemáticamente a las bandas de fuera solo por no ser de Sevilla capital, incluso algunos se atreven a menospreciar a bandas pequeñas de barrios de la ciudad por no ser de barrios con una Hermandad señera, pero hasta ahora no habían visto peligrar sus pasos por Campana.

Ahora, los mismos troles de Internet que hace unas semanas se daban golpes de pecho por sus devociones, ahora lo hacen por sus acompañamientos musicales, devaluando aún más la palabra «cofrades» y ensalzando la de «ombliguismo».

Siendo hermano de dos corporaciones sevillanas, no seré yo quien se meta con la ciudad y menos con sus gentes, pero empieza a ser un juego peligroso. En un futuro, no me extrañaría que en las formaciones de Hermandad y en reuniones de bandas, insten a los hermanos y músicos a no publicar ciertos mensajes por redes sociales.

Dejen la envidia, que por mucho que se confiesen, no hay arrepentimiento en ese pecado.