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El viejo costal, 💙 Opinión

Un regalo dejado atrás…

Lo paso mal cada vez que salgo de casa, y a pesar de eso, tengo que salir, lo paso mal además de por el engorro de las medidas sanitarias, mascarillas, hidrogel, distancia social, y demás parafernalia necesaria para sobrevivir, o para malvivir, que ya no noto la diferencia. Pero lo paso mal porque veo cosas que me sorprenden y me apenan profundamente.

Esta semana pasada en uno de sus últimos días, me vi obligado a desplazarme al núcleo de población más cercano a mi vivienda, a un almacén que ejerce la función de tienda de ultramarinos – supermercado – gran superficie, vamos a una tienda grande con aspiraciones, allí ejerciendo la sencilla función de acompañante de mi señora, deambulaba por los pasillos llenos de mil cosas ya artículos, embargado por el olor ese tan especial de las tiendas de pueblo, de las de toda la vida, solo en una versión actualizada, llevando un carrito con el contenido de la compra para mi familia.

Dando vueltas por los pasillos casi vacíos por ser la primera hora de mañana, nada más abrir, que es cuando me siento más seguro, ante las posibilidades del contagio del maldito Covid. Vueltas a un lado y a otro, hasta completar la lista de la compra.

Pasé junto a una señora, que me llamó la atención, estaba junto a un palé de leche recién puesto a la venta, completo, y esta señora, con una libreta en la mano, apoyada en el palé estaba enfrascada en hacer una larga suma que tenía sobre la página, para ello se ayudaba de los dedos de la mano, cosa que casi ya no veía, salvo en los inicios de los pequeños haciendo sus primeras incursiones en el mundo de las exactas matemáticas, me fijé que su carro de la compra, que me estorbaba al paso, contenía productos muy básicos, legumbres, algo de fruta, aceite de girasol, patatas, empaquetados de verduras, y entre las cosas destacaba un paquete blanco con dos leyendas grandes y de vivos colores, una de ellas decía “Bombones” la otra “1 Euro”, me llamó la atención por lo barato, y por el contenido que se adivinaba por su forma, debería de contener al menos ocho o diez piezas, envueltas en papel de plata brillante.

Pensé y me dije, como los vea he de comprar uno igual, a modo de recompensa por el rato de la compra y las vueltas dadas, además como vamos acercándonos a las Navidades, sería esta la primera golosina de estas próximas fiestas.

Seguí comprando por los pasillos, y seguí intentando completar la lista de la compra.

En una de las muchas vueltas que di, las doy por ser bastante torpe en las compras, volví a pasar por el mencionado palé de leche, habían abierto el mismo y retirado un litro de leche, mientras cogía los que para casa necesitaba, sobre el palé, vi el mencionado paquete blanco con las leyendas de 1 euro y bombones, abandonado, levanté la vista y recorrí con ella toda la tienda y la señora no estaba, había cambiado sus bombones por un litro de leche, razón que explica su afán por calcular la compra, que tanto me había sorprendido.

Es una de las cosas que veo cuando salgo y que me apena en profundidad, la gente sencilla está pasando una racha de las verdaderamente malas, y en cambio seguimos viviendo mirando solamente al incierto horizonte de la vacuna, al final de esta crisis que dejará una larga secuela de sueños y deseos de las personas tirados, están creciendo las colas del hambre y nuestros gobernantes están preocupados por ganar votos gestionando esta crisis, sin importarle llenarse las manos de sangre inocente, lo que haga falta, solo quieren vivir, vivir bien a costa de lo que sea, otros solo quieren cabalgata de reyes, o ver pasos en las calles, y yo quiero que todo el mundo tenga un euro para gastarlo en algún capricho, sin necesidad de hacer cuentas, con los dedos, o de memoria, que nadie tenga que cambiarlo su capricho por un producto de primera necesidad.

Yo lo paso mal cada vez que salgo de casa, y a pesar de eso, tengo que salir, lo paso mal además de por el engorro de las medidas sanitarias, mascarillas, hidrogel, distancia social, y demás parafernalia necesaria para sobrevivir, o para malvivir, que ya voy notando la diferencia.

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