Un San Rafael, despojado de todo rasgo de divinidad y con la cara de un tabernero, ilustra los actos de la Federación de Peñas de Córdoba en honor del Arcángel

El Ayuntamiento de Córdoba ha sido el escenario escogido por la Federación de Peñas para presentar el incalificable cartel que anuncia los actos que organiza esta institución, con la colaboración, logística y económica del consistorio. Un cartel, técnicamente impecable pero absolutamente cuestionable en cuanto a la manera de representar a una de las devociones esenciales de la religiosidad popular cordobesa.

Escuchando la alocución del artista que lo ha perpetrado, cabe subrayar que ha logrado exactamente lo que quería, trasgredir, aunque ello implique herir la sensibilidad de muchos cordobeses que no reconocen en la figura que lo protagoniza, con cara de tabernero y despojado de todo signo de divinidad, al Arcángel San Rafael, destinatario de las oraciones de millones de personas a lo largo de los siglos.

Con el pretexto de humanizar al Arcángel y con la peregrina teoría de que lo sigue siendo a pesar de haberle privado de sus alas, y por tanto de su condición divina, por el mero hecho de haberle dotado del resto de elementos que conforman su tradicional iconografía, el autor de la obra ha realizado un ejercicio similar al desarrollado por un buen número de artistas contemporáneos que, en los últimos años, han utilizado a la religión para transgredir y con ello atentar contra el sentimiento de creyentes y devotos, ante la pasividad de muchos que callan y miran para otro lado, como si el daño a los católicos siempre saliese gratis.