La Hermandad del Despojado de Salamanca ha dado a conocer una importante noticia a través de sus distintas redes de comunicación oficiales. En ella se explica que su titular cristífero, Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras, se retirará del culto el próximo 13 de mayo para someterse a un proceso de conservación que llevará a cabo el imaginero cordobés Francisco Romero Zafra, quien tallara a la propia imagen.
Según ha informado la corporación salmantina, esta restauración se aprobó en cabildo general el pasado 26 de abril por unanimidad, y el tiempo estimado del proceso de conservación en los talleres cordobeses de Romero Zafra es de unos tres meses. El día 13 de mayo tras la Eucaristía que se celebrará a las 11:00h, tendrá lugar un acto de despedida de la imagen de Jesús Despojado.
De igual forma, en este mismo cabildo el Hermano Mayor de la Cofradía informó del comienzo de los trabajos de tallado del paso de misterio, presentándose en el Domingo de Ramos de 2019 la talla completa del frontal del canasto como gran novedad, que será realizada por el tallista Pedro Benítez. También se está estudiando la posibilidad de realizar los candelabros centrales del paso, que constan de cinco puntos de luz y así se acabaría la fase principal de iluminación. Esta fase se realizaría en caso que la tesorería estime que pueda ser ejecutado con solvencia. Además, otro importante estreno tendrá lugar el Domingo de Ramos del próximo año, ya que el imaginero Manuel Madroñal realizará la última imagen secundaria del proyecto de misterio de Nuestro Padre Jesús Despojado. Se trata del centurión romano que entrega la orden de ejecución de sentencia de crucifixión y muerte del Señor. De esta manera, el paso de misterio quedará finalizado en lo que a imaginería se refiere.
Francisco Romero Zafra talló al Despojado de Salamanca en el año 2012, siendo una imagen a tamaño natural -172 cm. de alto- para vestir, en madera de cedro real, totalmente anatomizada y policromada a la técnica del óleo. La corona de espinas fue tallada sobre la cabeza con pinchos de acacia. El Señor inclina levemente el cuerpo hacia delante y abre sus brazos en señal de voluntaria aceptación, siendo la última deshonra que soporta antes de la Crucifixión. La escena figura en el evangelio de Juan: “Los soldados […] tomaron su manto e hicieron cuatro partes: una para cada soldado, y la túnica” (Jn 19, 23). Destacan además las lágrimas derramadas por la imagen, que se pierden por el cuello, como símbolo del dolor moral que sufrió Jesús en el momento bíblico que se representa.





