La estabilidad es la nota predominante en aquellas corporaciones cuyo funcionamiento se adecua a parámetros que permiten consolidar proyectos a largo plazo, determinando inevitablemente el estilo que imprimen en su fisionomía que se transmite a lo largo de los años de manera prácticamente inalterable. Una de estas hermandades es la Misericordia cuya esencia se perpetúa en el tiempo y se materializa en la conservación de unas señas de identidad perfectamente definidas que se mantienen a pesar de que las personas que en ellas se desenvuelven varíen, en la creencia de que las personas pasan pero la esencia de las cofradías permanece.
Una premisa que la corporación del Miércoles Santo ha vuelto a evidenciar con la permanencia de los capataces que tienen el privilegio de guiar, camino de la Santa Iglesia Catedral a Nuestra Señora de las Lágrimas en su Desamparo y al Santísimo Cristo de la Misericordia en sus magníficos altares itinerantes bajo el cielo de Nisan. De este modo, José Manuel Maqueda Estepa y Enrique Garrido Montero, continuarán siendo los responsables de ambas cuadrillas de hermanos costaleros, constatando el trabajo bien hecho y la satisfacción mutua.
Una satisfacción que trasciende igualmente con la renovación de las dos bandas que acompañan desde hace años a ambos titulares de la cofradía poniendo el contrapunto musical cada Miércoles Santo detrás del elegante y sobrio caminar de los Titulares de la corporación de la Basílica Menor de San Pedro, de tal modo que la Banda de Cornetas y Tambores Caído y Fuensanta y la Banda de Música María Santísima de la Esperanza, continuarán derramando su música tras el impresionante crucificado y su Bendita Madre la próxima primavera consolidando una relación que sobrevive al paso del tiempo.





