Opinión, Otra manera de ver las cosas

Únicamente calle Sevilla I

A todas aquellas personas que por providencia de Dios, han entrado en contacto en mi vida, en la capital onubense de la comarca del Condado. En la Villa de La Palma del Condado.

En mis artículos no suelo nombrar a hermandades o sitios concretos. En esta ocasión  debo de hacer caso más a mi corazón que a mi razón, y voy a realizar una excepción. Aunque, como siempre sea lo más objetivamente posible con lo vivido.

Parafraseando a John Lennon “La vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes”. Es exactamente lo que ha me sucedido, y he aquí un artículo de opinión un tanto diferente a lo que suelo transmitir.

Me encontré con una calle llamada Manuel Siurot, pero conocida popularmente calle Sevilla, ya que antes se llamaba con este nombre. En una esquina de la misma, me encontré con una capilla. En ella se encuentra la Santa Cruz de la Calle Sevilla titular de la Antigua, Real e Ilustre Hermandad de la Santa Cruz. En un principio, me parecía gracioso, que una calle con un nombre de un personaje desconocido para mí hasta entonces, y una de las grandes devociones de la villa le hubieran cambiado el nombre a una vía tan relevante para todos los habitantes de la Palma del Condado.

Un día, sin pretenderlo, por casualidad, me dejaron acceder a la capilla, propiedad de la Hermandad, algo que me fascinó completamente. Un lugar que llama totalmente a la oración, al recogimiento y al encuentro con Dios, nuestro Señor. Entonces, fue cuando contemplé a la Santa Cruz y comenzó a encenderse en mí un ansia por saber de qué se trataba todo aquello, totalmente desconocido para mí hasta entonces. ¿Quién era el tal Manuel Siurot? ¿Qué significado contiene una Cruz tan venerada?

Entonces, llegó la Cuaresma, después la Semana Santa y la ansiada Pascua. Todo es recorrido para llegar a la Pascua, por él camino nos encontramos siempre la Cruz. Aquel que se haga llamar católico y rechace la Cruz, no ha entendido nada. La Cruz, es ni más ni menos, todos aquellos acontecimiento de la vida, que nos asemejan al sufrimiento redentor de Nuestro Señor Jesucristo, siempre y cuando usted le desee dar este sentido. Un católico debe de pasar por la Cruz, tribulaciones y sinsabores de la vida para llegar a la resurrección prometida de cuerpo y alma por el mismo Jesucristo, siendo lo más necio de la Cruz nuestra propia muerte, separación del cuerpo y alma, estando llamados ambas a volver a unirse en la parusía (final de los tiempos) en dónde la humanidad será juzgada para alcanzar el cielo o por el contrario el infierno, ambos en total plenitud con todo nuestro ser (cuerpo y alma unidos nuevamente).

La Santa Cruz de la Calle Sevilla, contiene en sus atributos una teología Cristocéntrica acerca de Jesucristo Eterno y Sumo Sacerdote glorioso.

En los pies de lo que hace referencia a la custodia de la talla, se encuentra la quinta esencia del cristianismo de nuestra fe, denominado así por el papa Pio XII, en las devociones al Santísimo corazón de Nuestro Señor Jesucristo y el Santísimo Corazón de la Bendita Madre de Dios. Los corazones que laten físicamente en el cielo, junto a la Santísima Trinidad, los Santos y los ángeles celestiales.

Jesucristo es víctima, altar y sacerdote, reflejado a la perfección en la Santa Cruz de la Calle Sevilla. En la parte más alta se encuentra el famoso “INRI”, indicando la glorificación de Jesucristo Nazareno Rey de los judíos.

En lo que forma la custodia, precisamente en el centro de la cruz, la Santísima Hostia, que en latín significa Victima, remarcada con una pequeña cruz justamente en mitad. Nos encontramos, con el primer atributo, Nuestro Señor Jesucristo que es víctima. Se entregó como víctima cumpliendo la voluntad eterna del Padre, para con la redención del género humano. Como en el antiguo testamento, el sacerdote ofrecía a Dios, un animal (una tórtola, un carnero, un cordero…) aquí se ofrece el mismísimo Jesucristo, para que sea molido como lo es el grano en el molino y así dejándonos el pan del cielo.

La figura, pura y dura de la Cruz, que es ni más ni menos que el altar de la nueva alianza. En ella, es donde se ofreció al Padre, Nuestro Señor Jesucristo. Fue clavado en la misma y derramó su preciosísima sangre en ella, que para un judío la sangre es signo de vida. Donde antes, en un altar era sacrificado un animal por el sacerdote, ahora es sacrificado Nuestro Señor Jesucristo. Es decir, entregó la vida en este nuevo altar de la Cruz, siendo elevado para que todas las naciones contemplen al Cordero de Dios inmolado, lo vean, lo contemplen y lo observen lo que es el nuevo altar de Dios, la cruz. El segundo de los atributos. 

Por último, cruzando la talla observamos, con lo que se conoce popularmente como el sudario de la Santa Cruz. Si nos fijamos bien, se trata de una estola sacerdotal. Ella, la estola, es el signo sacerdotal por excelencia. Los tres grados del sacerdocio: el diácono (la utiliza cruzada desde el hombro izquierdo cayendo hacia la cintura por el pecho y la espalda, uniéndose en la parte derecha de la cintura), el presbítero y el obispo (colgada del cuello hacia delante). Todos ellos, partícipes más cercanos del sacerdocio Real y Auténtico de Nuestro señor Jesucristo, haciendo uso de la prenda de la estola en las celebraciones litúrgicas. He aquí el último de los tres atributos.

Con ello, llegó al final de la descripción Cristo céntrica de Jesucristo Eterno y Sumo Sacerdote. Debo continuar la semana próxima con  ÚNICAMENTE CALLE SEVILLA II, porqué existe más de lo que deseo transmitir, a todos mis lectores de otra manera de ver las cosas.

Que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador, Amén.