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La Chicotá de Nandel, 💙 Opinión

¿Ustedes se lo imaginan?

Imaginar no es lo mismo que soñar. De hecho, hay sueños que hacen que uno se sienta confortable, incluso ilusionado al despertar. Vivir un sueño incluso despierto, siempre es bonito. Que también hay pesadillas, claro está, todo tiene en la vida normalmente dos vertientes, y como todo lo bueno, tiene su lado malo, ese que te hace despertar incluso alterado, sudoroso, inquieto, y que aún cuando parece que te reconforta el ver que no es verdad, que ha sido una ilusión, sigue ese mal cuerpo, esa desazón.

Y es que los cofrades, somos mucho de imaginar, que también de soñar vivimos, pero puestos a imaginar…

Por un momento, imaginen que se hacen dueños y señores de una Hermandad. Que ya todos sabemos que cuando el mochuelo anda solo, todos ya entonces lo quieren, que lo malo es cuando la Hermandad de barrio comienza, que todo es trabajo y más trabajo, que el único aliciente es ver con el amor que se hacen las cosas y que los castillos aún no lo son, pero ya tienen unas bases asentadas. ¿De qué forma harían ustedes las cosas? ¿Cómo enfocarían su trabajo? ¿Y sus metas, para esos cuatro años o tres años que tendrían para trabajar con sus ideas? Creo que es un sueño para todo hermano de una Hermandad, si les llegara el caso, que seguro lo han soñado, ¿Se imaginan ese poder? ¿Esa aventura? ¿Ustedes lo imaginan?

Por otro lado, todos tenemos o hemos tenido un lugar propicio o soñado en nuestra Cofradía, y ¿por qué no capataz? ¿Por qué no? Vivimos rodeados de mucha salud, mucha, tanto en los martillos como en las trabajaderas. Todo parece ir en auge, hace ya años, pero, ¿y si ahora tienen que venir de fuera? No hace muchos años, aunque alguno no lo recuerde ya, tuvo que venir una cuadrilla “profesional”. O bueno, también hubo gente que se formó fuera, para enseñarse, para transportar su sabiduría aprendida aquí, para ser guía y maestro. Otros maestros, nos dieron el empuje, nos ayudaron, nos enseñaron, unos maestros hicieron puente con otros, donde ya quedaba la sapiencia de unos, se continuaba la labor por otros, y hasta día de hoy. ¿Tan mal estamos? ¿Tienen que venir capataces ahora de fuera? ¿Se lo imaginan?

¿Pueden pensar en un momento en un retiro de los martillos? Saberse ya “amortizado” en este mundo de los martillos, como le gusta decir al maestro De Juan, y de buenas a primeras, se vuelve, otra vez al pie del cañón. Pero, ¿Y si su buen nombre se ha mantenido por sus amigos? ¿Y si el trabajo quedó acabado y continuado por ellos? ¿Y si ahora, se puede echar por tierra lo que tanto te ayudaron, por volver, y quitarle el sitio a ellos, en su Hermandad, con sus Titulares, a los que tú, pues diste un segundo lugar por el descanso? ¿Se imaginan volver de esta manera?

O ese sueño que teníamos todos de ver más procesiones por nuestras calles. Poder disfrutar del discurrir de pasos fuera de la Semana Grande. Extraordinarias, Coronaciones, Bendiciones y momentos solemnes. Y ahora el sueño parece ser pesadilla. Lo extraordinario es ordinario, chabacano, imperfecto y vulgar, sin una vuelta de hoja, aprisa y corriendo y vamos que nos vamos, a la calle, que suenan las cornetas. ¿Tanto acto en la Mezquita para luchar contra la izquierda radical no cansa? ¿Y si ahora la izquierda echa números? ¿Y si nos atacan por gastar unos 300.000 euros en pasos y parihuelas, mientras haya quien no tenga que comer? ¿Ponemos también a Cáritas a sacar procesiones, o los dejamos a ellos que sigan dando de comer a los necesitados, mientras nosotros, a golpe de tambor predicamos con este ejemplo? ¿Se imaginan que ahora nos den una guantada sin manos? ¿Qué excusa pondremos sobre la mesa? ¿Se lo imaginan?

Quitando esta pesadilla, el sueño bonito puede venir en las Angustias. Ha tardado en nombrar capataces, porque había que recaudar gente para el trabajo, lo primero no eran ni los nombramientos ni los fichajes ahora de moda. Este, quizá sea el sueño que va tomando realidad, el que la Hermandad se haga fuerte en su barrio, con su gente, los hijos de la Madre de las Angustias, que se sientan arropados por ella como arropa a su hijo que yace entre sus manos, precisamente para eso, arroparlos en vida, que no en muerte. Una muerte que parecía anunciada si se seguían ciertos caminos, y que ahora, parece todo va por buen cauce. Mi granito de arena cuando quieran, quitados los problemas económicos, quitados los piques, los roces, todo Hermandad, no es cuestión de dos días, pero, ¿y si el sueño se hiciera realidad? Con trabajo y fe, todo se consigue. ¿Si así fuera, se lo imaginan?

Hay veces que aunque te retires de todo, cuando todo el mundo parece haberte fallado, o cuando te sientas en soledad, aunque sea una soledad gratificante, un retiro próspero y relajado, una atalaya desde donde ver qué fuimos, qué somos a día de hoy, y que bueno, con nuestras cosas, seguimos queriendo a los de siempre, queremos seguir al lado de los de siempre. En los malos momentos, quizá en días malos que nadie sabe, siempre hay un viejo costal al que uno se abraza, al que uno se confiesa y le dice cuanto lo quiere, los recuerdos bonitos que pasaron juntos y, ¿por qué no? Volver a realizar cosas grandes juntos y seguir siendo amigos en la lucha o la alegría de vivir. Si todos viviésemos con eso, con alegría, transmisora de todo lo bueno, de energías que no hacen ver el pasado, ni los malos momentos que quedaron, ¿Ustedes se lo imaginan?

¿Y si en septiembre nos vamos a la playa? ¿Y si en vez de tanta banda, tanto jaleo, se hubiera donado grupalmente tanto dinero como nos dieran a los necesitados? ¿Y si cuando estábamos caídos bebimos de la fuente, y ahora hemos dejado la fuente seca de ilusiones por haberse acordado del que se fue sin mirar atrás? ¿Y si hacemos un concurso de a ver cuántos pasan ahora el casting y en cinco años consiguen entrar, por ejemplo, en los Panaderos? Pues ya les digo yo, que son cosas a pensar, son ideas que se me ocurren, pero como es mi opinión no hay que hacerles caso alguno. Yo no tengo poder para quitar martillos, para que se repitan elecciones, ni puedo hacer ángel o demonio a nadie. Aunque a veces las cosas duelen si te las dicen desde un púlpito, desde lo alto, no importa ni quién, ni el valor del que habla, solamente son palabras, aunque a la masa, la turba, les dé por pensar, por soñar, imaginar. ¿Hay de malo algo en soñar o imaginar? ¿Cuántas veces nos paramos a pensar en los demás a la hora de actuar? Si todos nos parásemos, y sopesáramos que somos el que dirige y que todos merecen nuestro respeto, cariño, comprensión, amor, y no el hacer daño para muchos y el bien para unos pocos, normalmente, los que tienen el poder.

Si eso lo pensáramos antes de actuar, ¿ustedes se lo imaginan?

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