La prestigiosa Orfebrería Ramón León ha difundido el proyecto de coronas concebido para la Coronación Canónica de la Virgen de Luna. Según explica José David Muñoz, diseñador de.las piezas, ante el encargo de realizar la corona con la que Pozoblanco y Villanueva de Córdoba quieren ofrendar a su patrona, Ntra. Sra. de Luna en su Coronación Canónica, el diseño de esta presea parte de dos fuentes de inspiración, el Valle de los Pedroches y la cita que San Juan realiza en Apocalipsis 12, “la mujer vestida del sol”.
Con este planteamiento y con la seria responsabilidad de realizar una corona que aúne los sueños y deseos de dos pueblos, Muñoz ha creado este diseño. La corona se compone de tres partes, canasto, imperiales y ráfaga. La tradición narra que Ntra. Sra. de Luna era encontrada en una encina en el S. XV, en el Quinto de Navarredondo, en plena dehesa de “La Jara”. Por este motivo, al igual que entre encinas su bendita imagen era encontrada, la corona se descubre con rocallas y volutas que adornan a la realeza, entrelazadas con ramas de encinas y bellotas creando el canasto que reposará sobre su cabeza y la vez dibuja la circunferencia de la que emana la luz de la ráfaga, recordando con ello el hallazgo de su bendita imagen en el S. XV.
En la ráfaga, dos ángeles entre nubes hacen presente a las dos poblaciones que desde hace siglos, la veneran como madre, patrona y alcaldesa perpetua. Bajo los ángeles y partiendo desde la silueta superior del canasto, surgen elegantes imperiales que se unen en un eje central, la Luna. Al igual que Villanueva y Pozoblanco, las imperiales parten de diferentes puntos, pero comparten una misma Madre, la Virgen de Luna. Es por lo que la Luna es el centro de todo el conjunto, lo que une a los dos pueblos, con sus cofradías, tradiciones, romerías y caminos.
Esa Luna, presentada con aspecto realista y en color plata, es imagen de la pureza de la Santísima Virgen “vestida” con el resplandor que emana del mismo Sol, haciendo presente con ello la mencionada cita del Apocalipsis. Además, haciendo alusión al lugar donde fue hallada y donde la Santísima Virgen tiene su Santuario, la flor de la jara está presente en dos elementos de la corona, enmarcando la Luna resplandeciente en el centro de la ráfaga y convertida en guirnaldas que penden de las imperiales y las unes entre sí.
La ráfaga se expande de manera equilibrada con el resplandor que parte de los brotes de las encinas y como rayos refulgentes que desprende la Santísima Virgen. Las 26 puntas mayores de dichos rayos, están rematadas con pequeñas perlas que recuerdan a estrellas y luceros, cuya luz nacarada en la noche, queda atenuada ante la resplandeciente presencia de la “Luna vestida del Sol”.
En el centro sobre la Luna, una cruz embellecida con amatistas nos recuerda la redención que Jesús nos regaló desde el madero, y a cuyo pie siempre estuvo María. De igual modo la corona del Divino Niño, se articula partiendo de ramas de encinas y jara. En su caso, las imperiales culminan en el Sol, astro rey, resplandor de Dios que ilumina a la Luna. Sobre el astro aparecen las siglas de “JHS”, Jesucristo, Hombre Salvador.
El creador concluye si explicación añadiendo que el Divino Niño porta en su mano izquierda el orbe terrestre, mientras que con la derecha imparte la bendición. Este detalle, acompañado con las nuevas coronas, visibilizarán en la imagen de Ntra. Sra. de Luna, a Dios en el Sol, a la Virgen en la Luna y a nosotros en el orbe de la mano de Jesús.









