Evangelium Solis, 💙 Opinión

«Vosotros sois testigos de esto»

Una semana más llega a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis. Hoy vivimos el tercer Domingo de Pascua. En este Domingo, la finalidad es meter en nuestra dura cabeza que es verdad que Cristo ha resucitado y está vivo. Qué tremendas dificultades tenemos para aceptar las buenas noticias. En cambio, con qué facilidad aceptamos las malas. La Resurrección de Jesús es LA GRAN NOTICIA.

Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,35-48)

En aquel tiempo, contaban los discípulos lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando se presenta Jesús en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Llenos de miedo por la sorpresa, creían ver un fantasma.

Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en vuestro interior? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo.»

Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Y como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo que comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Y les dijo: «Esto es lo que os decía mientras estaba con vosotros: que todo lo escrito en la ley de Moisés y en los profetas y salmos acerca de mí tenía que cumplirse.» Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras.

Y añadió: «Así estaba escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se predicará la conversión y el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

El Señor se puso en medio de ellos. Jesús Resucitado es el centro de la vida y de la historia. Todo lo anterior es preparación y lo que sigue es consecuencia. Cristo Resucitado es el centro del tiempo. Y Cristo Resucitado es también el Señor de nuestra vida. A Él le entregamos las riendas de nuestra historia. Podemos decir: O Cristo está en el centro o no está en ninguna parte. Cristo Resucitado no es un paralelo más en nuestra vida, sino el meridiano que atraviesa todos los paralelos de nuestra existencia. Pero no es un Señor que se eleva por encima de nosotros para humillarnos, sino que desciende hasta nuestro corazón para realizarnos plenamente. Ciertamente Él es el “exaltado a la diestra”; es el “Señor y Mesías”; es el “Hijo de Dios en poder”; pero sigue siendo el amigo, el cercano, el que acompaña a los discípulos de Emaús y les explica las Escrituras; el que se aparece a esas mujeres que han ido a embalsamar su cuerpo con el perfume de su cariño; el que llama a María Magdalena por su nombre en un bonito requiebro de amor. !Cuánta ternura, cuanta delicadeza, cuanta finura!. El título de Señor que el Padre le ha dado desde el cielo, ciertamente, no se le ha subido a la cabeza. Sigue pisando tierra en la Galilea de los pobres y sencillos de todos los tiempos. Y, como decía el Papa Francisco, en Galilea siempre podemos encontrar “el amor primero”.

Y Jesús Resucitado “Les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Como dice San Pablo: “Hasta el día de hoy, cuando leen a Moisés, un velo les cubre la mente. Pero cuando vuelva el Señor, se removerá el velo”. Es el Señor Resucitado el que tiene la llave para abrir el sentido profundo de las Escrituras. Y esta llave no la ha entregado el Señor a las Universidades bíblicas, sino a la gente sencilla que nunca se atreve a leer la Biblia sin rezar. Y, entre esta gente sencilla está el Papa Francisco que, antes de hacer su homilía en cada Eucaristía, ha leído la Palabra, la ha meditado, la ha contemplado, la ha saboreado. Después, sin papeles, coge el texto y lo va explicando con unción y devoción. Sus palabras siempre son actuales, bellas, desafiantes. Se puede decir de él lo que la gente sana y humilde decía de las palabras de Jesús: ”Una doctrina nueva”.

Y Jesús se dirige directamente a los apóstoles “Vosotros sois testigos de esto”. Ellos lo tenían muy difícil a la hora de presentar como Dios a un hombre colgado en una Cruz. Sólo la luz de Pascua, la luz de Cristo Resucitado pudo hacer desaparecer las densas tinieblas de una muerte tan cruel en la cima del monte calvario. Pronto la tristeza se convirtió en gozo; la ausencia en presencia; el miedo en coraje, y la amarga desesperación en dulce esperanza. Con Cristo Resucitado se crea una raza nueva. Se les llamaba “hombres inéditos”, es decir, con la Resurrección de Cristo se instituye una “nueva edición de hombres y mujeres”. Cuando alguien les pedía explicaciones sobre el tema de la Resurrección, se limitaban a decir: “nosotros somos testigos”. Vivimos como hermanos, aquí nadie pasa necesidades porque el que más tiene da al que no tiene, tenemos un solo corazón y una sola alma, compartimos todo con alegría. No es raro que la gente se quedara extrañada y quisiera pertenecer a ese grupo. ¡Cuánto tenemos que aprender los cristianos del siglo XXI de esta experiencia de las primeras comunidades!

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