El tiempo vivido, 💙 Opinión

Vuelta a la rutina

Día marcado en rojo en el calendario. Vuelven las noches costaleras donde el frío y la inquietud van unidas perpetuamente de la mano, donde la espera y ganas se hacen más visibles que nunca, donde rezo porque también la ilusión invada no solo a los legionarios de las trabajaderas, sino que hasta el propio nazareno, aguaor, acólito… vivan estos días de la misma forma o más aún, a pesar de su siempre desventajosa posición en el seno de las cofradías.

Sí, la costalería es un grado de suma importancia en las hermandades, pero no la esencial. Nacimos por y para una manifestación pública de fe que ha caído en lo soez de una moda que tambalea los cimientos de todos aquellos hermanos de luz que viven cada vez más momentos oscuros, en una de las mayores crisis de la figura nazarenística que se recuerdan.

Porque ser hermano y ser cofrade se han convertido en agua y aceite. Vuelta a esa aburrida rutina donde prima ser cualquier cosa menos cofrade, donde llevar un costal en los ojos o una medalla revientan las ilusiones de todos aquellos que llevan una vida cofrade basada en la fe católica, en la asistencia a cultos, en rezar y no posar. Vuelta, otra vez, a la rutina.

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