¿Y a usted qué le importa si la iglesia abre después de las 6?

Dice Platón que la ignorancia es la raíz y el tronco de todos los males. Más claro que el agua, por algo su sabiduría se traspasa de generación en generación desde hace milenios. La frase del eterno filósofo resuena en las paredes de la hipocresía mediática, que derrama su pobreza argumental habitualmente a través de los medios de comunicación. Es lamentable pero cierto. Los grandes formatos periodísticos se han convertido de un tiempo a esta parte en altavoces de prejuicios y banalidades, que según parece les da mucho rédito publicitario. Esta vez ha tocado el turno a un conocido espacio de televisión de esos que ponen a la hora del almuerzo por rellenar el hueco hasta el informativo. Una tertuliana criticaba despiadadamente la decisión de mantener los templos católicos abiertos después de las 18 horas en Andalucía. ¿Por qué tienen que estar abiertas las iglesias y los comercios cerrados? ¿Acaso en los templos hay menos peligro que en un centro comercial o un teatro? Se lo explico rápidamente, señora.

No puede comparar usted jamás un lugar de ocio, simple y llano ocio, como un centro comercial o un cine; con la fe o la creencia en Dios, que es una necesidad. Fíjese usted qué casualidad. El Gobierno de la Junta de Andalucía decreta unas medidas para disminuir los contagios de la segunda ola por Covid-19 que pasan por cerrar los comercios no esenciales desde las 6 de tarde, y mantiene los de primera necesidad; constando en acta que estoy totalmente en contra de que sufran las pymes en detrimento de los grandes titanes del comercio. Dicho esto, imagino que para usted, señora, es una prioridad comprar una barra de pan, un cartón de leche o un paquete de azúcar. Estupendo. Para mí también. Pero igualmente lo es pasar unos minutos ante el Señor y disfrutar de la Eucaristía. Quizás no lo entiende. Se llama empatía. Consiste en ponerse en el lugar de la persona que cree, de las millones de criaturas que depositan su esperanza vital en el Señor. Para ellos, asistir a la iglesia es una auténtica necesidad, incluso en estos tiempos puede que hasta una medicina. Desde marzo hasta mayo pasamos más de dos meses sin mirar de tú a tú al Sagrario, y eso para alguien que tiene fe es una tortura. Es verdad que Dios está en todas partes, nos acompaña y ve en lo escondido. Pero su presencia física da al católico una luz, un calor que no podría igualar ninguna vacuna contra el dichoso virus. Así lo vive el fiel que va a un templo a orar, sentando en su banco manteniendo escrupulosamente la distancia social y el resto de medidas sanitarias.

Eso es lo que debería entender, tertuliana sin escrúpulos. Ya basta de atacar al Catolicismo cada vez que tienen ocasión, y cuando no la hay se la inventan. Ya basta. Métanse ustedes con las mezquitas, también abiertas como lugar de culto. Protesten contra el Hinduismo, el Budismo o El Protestantismo. Den batalla a los grandes conglomerados que venden zapatos a deshora; o a los estancos que mantienen su horario habitual vendiendo… ¿bonobús? ¿mecheros por si cortan la luz? Siguen pensando que somos imbéciles. Pero los Católicos tenemos derecho a ser respetados y a vivir nuestras creencias en paz con o sin pandemia. ¿Sabe usted, señora, que alguna persona de las iglesias que tanto le molestan podría estar rezando por usted ahora mismo? Pues eso. Deje de insultar nuestra inteligencia y de faltar el respeto a los siempre vilipendiados cristianos. Nosotros no infectamos, tan solo rezamos. Rezamos.