Verde Esperanza, 💙 Opinión

¿Y si salieran todas las Esperanzas a la calle el 18 de diciembre?

A todos nos ha tocado vivir una época cargada de incertidumbre, oscuridad y, por qué no decirlo, de miedo. Cada uno se ha aferrado a su fe a su manera, con las imágenes sagradas que habitan en lo más profundo de nuestros corazones, pero intuyo que hay un denominador muy comúnmente extendido entre los cristianos y, particularmente, los cofrades.

Como decía, nuestras devociones han sido un recurrente durante todo este tiempo, anclándonos a ellas a través de estampitas, fotografías o, cuando se podía, visitándolas en sus templos. Pero considero que todos, en mayor o menor medida, en un momento u otro, nos hemos abrazado a la advocación de la Esperanza, que cada uno le ponga el apellido que desee.

Toco madera, pero parece que afortunadamente lo peor de la crisis sanitaria ha pasado, y el horizonte de normalidad que tanto anhelamos durante tantos meses está cada vez más cercano, algo que permite soñar con una Semana Santa prácticamente al uso que se estilaba antes de todo lo sucedido.

Los cofrades pecábamos antes de la pandemia de abusar en exceso de cualquier efeméride para sacar las imágenes a la calle, aunque a decir verdad, hay cofradías en particular que han utilizado con demasiada ligereza cualquier tipo de conmemoración para sacar a su Cristo o Virgen a la calle. Algo que corremos el riesgo de volver a repetir, y a las más recientes pruebas me remito, y es que tras la contención y la restricción durante tantos meses, puede fácilmente dispararse como el tapón una botella de champán al descorcharse. Ya lo estamos comenzando a ver.

No obstante, considero que la situación que hemos atravesado los cofrades y el inmenso peso específico que ha tenido la advocación de la Esperanza en lo más profundo de nuestro ser durante este tiempo, es motivo suficiente para organizar algo que podría ser histórico, tremendamente simbólico y, por qué no decirlo, de justicia.

¿Y si todas las imágenes marianas con esta advocación salieran, de un modo u otro, el día de su onomástica? Es decir, el 18 de diciembre, una fecha grabada a fuego en el calendario de todos los cofrades que profesan devoción hacia la Esperanza, sea del lugar que sea. Los complementos, ornamentos y aspectos secundarios quedarían a expensas de lo que cada uno estime oportuno, pero lo importante, ya se sabe, sería que la Virgen de la Esperanza, y vuelvo a repetir, sea del lugar que sea y lleve el apellido que lleve, salga a unas calles que han estado tan ávidas de su presencia durante la época más complicada que ha tocado vivir en nuestra tierra. Para que quede meridianamente claro, ya sea sobre pasos de palio, pasos sin palio, parihuelas; bandas de música, música de capilla o en silencio. No hace falta nada, y es que la Esperanza habla por sí sola y lo llena todo.

Una necesaria salida que vendría a simbolizar la superación a la pandemia, y que en la mayoría de casos implicaría el retorno a las calles de las Vírgenes de la Esperanza, haciendo latir los corazones que tanta fe depositaron en sus miradas de manera sincronizada a lo largo y ancho de nuestra geografía. Una verdadera acción de gracias hacia una devoción vital para nuestras vidas, al menos, para del que les escribe, y estoy seguro de que para muchos más de una manera o de otra. La Hermandad de los Gitanos de Málaga ya ha planteado para tal fecha una salida extraordinaria de la Virgen de la O sobre su trono con motivo de su 50 aniversario. «Solo» habría que seguir esa estela a nivel general.

Así, bien podría ser un acontecimiento histórico en el que una tierra tan radiantemente mariana como lo es Andalucía vendría a rendir un homenaje sin parangón a, probablemente, la devoción más arraigada y generalizada en nuestra bendita tierra. Una tierra que se ha aferrado en corazón, cuerpo y alma a sus Esperanzas, y permítanme creerlo, a buen seguro gracias a su divina intercesión han ayudado a superar esta época tan difícil. Sería, además, por qué no, un momento idóneo para homenajear a los profesionales sanitarios y cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, que han sido verdaderos instrumentos de esperanza y salvación para todos.

Se da la circunstancia, de igual forma, de la inminente llegada en esa época de una fiesta tan señalada para el cristiano como lo es la Navidad, un momento litúrgico vital que podría comenzar con mucha fuerza en esa expectación en el parto de la Virgen, dando a luz al verbo encarnado en fechas muy próximas. No le vendría mal en absoluto a la Iglesia revitalizar la Navidad a través de la religiosidad popular, auténtico baluarte eclesiástico al menor en el sur, le pese a quien le pese.

¿Qué quieren que les diga? Sonará egoísta, pero me estremece el alma pensar que este 18 de diciembre se abrirían todas las puertas de los templos que cobijan a las Esperanzas, y que todas ellas puedan caminar y fortalecer más si cabe ese sentimiento de esperanza tan importante durante esta oscura época que hemos debido atravesar. La Resolana, San Andrés, calle Pureza, la Plaza de Capuchinos, el Perchel, Gaucín, la Plazuela, el Brasil Grande, Cristo Rey, Plaza Nueva, San Francisco, y tantos otros enclaves… estallando en júbilo a la par con las imágenes de sus amores, de nuestros amores, si me lo permiten. Igual me pueden los colores y las inmensas ganas de recuperar la normalidad, pero sinceramente creo que podría ser algo inolvidable en nuestras vidas. No son obligatorios demasiados requisitos ni tan siquiera organizativos, si es que no se quieren llevar a cabo por el motivo que sea. Tan solo hace falta Ella. La que nos ha acompañado justo al lado de nuestro corazón cuando más oscuro parecía un camino que volvió a iluminar… Siempre la Esperanza.

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