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Evangelium Solis, Opinión

«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

En este Domingo XXIV del tiempo ordinario, traemos a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis. Hoy en el evangelio, Jesús nos hace una pregunta a cada uno de nosotros, «¿Y vosotros, quien decís que soy yo?».

EVANGELIO 

Lectura del santo Evangelio según San Marcos 

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino preguntó a sus discípulos:

–¿Quién dice la gente que soy yo?

Ellos le contestaron:

–Unos, Juan Bautista; otros, Elías, y otros, uno de los profetas. Él les preguntó:

–Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?

Pedro le contesto:

–Tú eres el Mesías.

Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie.

Y empezó a instruirlos:

–El Hijo del Hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los senadores, sumos sacerdotes y letrados, ser ejecutado y resucitar a los tres días.

Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió, y de cara a los discípulos increpó a Pedro:

–¡Quítate de mi vista, Satanás ! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!

Después llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo:

–El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por el Evangelio, la salvará.

Palabra del Señor.

Hoy Marcos nos presenta en el Evangelio, un momento muy importante de la vida de Jesús en que debe determinar a los suyos, a los que le han quedado, las razones de su identidad para el seguimiento: ¿a dónde van? ¿a quién siguen? El texto del Evangelio de hoy, tiene cuatro instantes muy precisos: la intención de Jesús y la confesión de Pedro en nombre de los discípulos,  el primer anuncio de la pasión, y la advertencia de Jesús a Pedro y a los discípulos por pretender un tipo de mesías que no entra en el proyecto de Dios. Y, por último, y todo lo dicho sobre el seguir a Jesús. Este es uno de los momentos importantes de este evangelio. Se ha consumado que en Galilea hay una crisis entre los discípulos y Jesús revela abiertamente como debe de ser su seguimiento, y lo muestra con radicalidades. Con esta muestra del seguimiento, han sido a la luz muchas carencias de los discípulos y el hacerles pensar si están preparados para seguirle.. Por ello, lo dicho sobre el seguimiento de Jesús, en este Evangelio, esta dicho para todo el mundo. Es el momento de comenzar al camino a Jerusalén, con todo lo que ello significa para Jesús en su proyecto del anuncio del Reino.

Pedro considera que confesarlo como Mesías sería lo más acertado, pero el Jesús de Marcos no acepta un título que puede prestarse a equívocos. El Mesías era esperado por todos los grupos, y todos pensaban que sería un líder político. Jesús sabe que ni su camino ni sus opciones son políticas, porque los fundamentos del reino que El ha predicado no está en asuntos políticos. Por eso, hace el primer anuncio de la Pasión, y deja claro que tipo de Mesías va hacer. Que no es como lo esperaban los judios y al mismo tiempo hace ver a sus discipulos que deben de aprender a esperar otra cosa. Ya Jesús veía claro que su vida en Dios debía pasar por la muerte. No porque Dios quisiera o deseara esa muerte. El Dios Padre quería eso. Pero los hombres no dejarían otra alternativa a Jesús, en nombre de su Dios.

El reproche de Jesús a Pedro, uno de los más fuertes del evangelio, porque su mentalidad es como la de todos los hombres y no como la voluntad de Dios. Jesús les enseña que su papel como Mesías es dar la vida por los otros; perderla en la cruz. Eso es lo que pide a los que le siguen, porque en este mundo, triunfar es una obsesión; pero perder la vida para que los otros vivan solamente se aprende de Dios que se entrega sin medida. El triunfo de los cristianos es saber darse a los demás.

Por eso, siempre se dice que la Cruz es la misma vida. Nuestra propia vida, nuestra manera de sentir el amor y la gracia, el perdón y la misericordia, la ternura y la confianza en la verdad y en Dios como Padre. Eso es “una cruz” en este mundo de poder y de ignominia. La cruz no es un madero, aunque para los cristianos sea un signo muy sagrado. La cruz está en la vida: en amar frente a los que odian; en perdonar frente a la venganza. Esa es una cruz porque el mundo quiere que sea una cruz; no simplemente un madero. La cruz de nuestra vida, nuestra cruz, sin pretender ser lo que no debemos; sin vanagloriarnos en nosotros mismos. La cruz es la vida para los que saben perder, para los que saben apostar. Por eso se puede hablar con sentido cristiano de “llevar nuestra cruz” y no debemos avergonzarnos de ello. No porque nuestro Dios quiera el sufrimiento… pero el sufrimiento de los que dan sentido a su vida frente al mundo, viene a ser el signo de identidad del verdadero seguimiento de Jesús.

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