Paulatinamente, en toda la geografía cofrade, se van cumpliendo las etapas que evidencian la inminente llegada de la Semana Santa que, a medida que la Cuaresma va escapándose de entre nuestro dedos, comienza a revelarse como una verdad indiscutible.

En apenas unas semanas, cuando el Domingo de Ramos estalle con fuerza en nuestra vidas, atravesaremos la frontera imaginada entre lo soñado y lo vivido, y volveremos, como cada año, a sentirnos niños sedientos de aroma de incienso y cera y de la luz de la maravillosa primavera de Andalucía, por obra y gracia de sus cofradías.
Una de las señales que anticipan que todo está a punto de acontecer, se acaba de desvelar en la Iglesia de San Roque, situada en la calle Buen Pastor de Córdoba, donde la Virgen del Rocío y Lágrimas, la dolorosa que gubiase Francisco Romero Zafra en 1990 para ocupar un lugar indiscutible en el alma cofrade de Córdoba, ya se encuentra, vestida de hebrea, entronizada en su paso de palio, a la espera de que un nuevo Miércoles Santo convierta en realidad, los deseos vivdo durante doce lunas de espera.





