Con la ilusión latente de lo que está a punto de acontecer están viviendo los hermanos de la agonía las últimas jornadas que los separan de la gloria. Una gloria mil veces soñada que ahora al final del sendero de ilusiones materializadas en qué se ha convertido el último año para la Corporación del Naranjo, se halla el alcance de los dedos.
Y es que las últimas horas se han vivido de manera vertiginosa el seno de la Cofradía del Martes Santo con el tradicional traslado, más multitudinario que nunca, que ha regalado escenas insólitas por mor de la presencia de la Divina Enfermera acompañando a su hijo camino de la Santa Iglesia Catedral. Un traslado histórico que permanecerá para siempre en la memoria colectiva de un barrio que vive cada uno de los segundos que lo separan del Martes Santo como una auténtica fiesta.
Ahora llegará el tiempo de las carreras, de los preparativos de último momento, de planchar las túnicas que aún no lo estén, de preparar la ropa costalera, de enjugar las lágrimas ante el espejo. de dedicarle un emocionado recuerdo a aquellos que no están para vivir estos momentos únicos e irrepetibles… Porque la consciencia de ser partícipes de una parte de la historia de la Semana Santa de Córdoba, y por ende de toda la ciudad, se entremezclan con el sentimiento de añoranza por tantos que estuvieron y se marcharon, y cuyo espíritu, de alguna manera, estará prendido, el próximo Martes Santo, de la maravillosa bambalina del altar itinerante de la Virgen de la Salud… y Ella lo sabe.





