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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Yo quiero a mi Hermandad… ¿Yo quiero a mi Hermandad?

Se vuelven a levantar los cirios y el tramo comienza a caminar de nuevo. Seguimos a la insignia que nos precede y que marcha tras la Cruz de Guía. Y me viene esta reflexión… yo quiero a mi Hermandad.

Ésta es una verdad incuestionable en el fuero interno de cada miembro de una Hermandad. Nadie se para a poner en duda la verdad de ese aforismo entre los cofrades. ¡Cómo no voy a querer yo a mi Hermandad!

Pero es en este momento cuando me planteo lo siguiente: si yo quiero a mi Hermandad, si yo quiero lo mejor para mi Cofradía, ¿cómo es que la gente no piensa como yo en cualquiera de los temas que surgen?

Y vienen a mi mente situaciones que me hacen pensar qué es querer a mi Hermandad:

Si un miembro de una hermandad no está de acuerdo con esa nueva idea que la actual Junta de Gobierno ha planteado para la Cofradía, porque cree que modifica sustancialmente la identidad de la misma, y muestra su oposición, entonces ¿cómo demuestra que quiere a su Hermandad? ¿Manifestando su opinión distinta o acatando lo que la Junta ha decidido?

Cuando los miembros de aquella Hermandad de nuestra capital vecina denunciaron la desaparición de una cantidad importante de dinero de la Tesorería, con el escándalo consiguiente que conllevó, en vez de «lavar los trapos sucios en casa», como es la costumbre cofrade, ¿cómo debían haber actuado para demostrar su amor a su Hermandad? ¿Callando la situación y dejarla sin solución o denunciándola y buscando una solución para todos?

Si el equipo de capataces al que se destituye, el vestidor con el que ya no se cuenta, por el motivo que fuere, muestra públicamente su descontento y pone en la opinión pública a su Cofradía, ¿quieren a esa Hermandad a la que han servido durante esos años o deben acatar la decisión sin rechistar?

Está claro que mientras cuentan con un hermano para formar parte de una Junta de Gobierno, éste hace lo que sea por su Hermandad, porque la quiere, claro está. Pero ¿por qué cuando le despojan de ese «derecho vitalicio» que supone seguir siendo miembro de la Junta por los siglos de los siglos, deja de trabajar y colaborar como lo hacía antes? ¿Es que realmente quería a su Hermandad?

Cuando un hermano falta al juramento de confidencialidad de las deliberaciones de la Junta de Gobierno porque no comparte los acuerdos tomados, porque está convencido de que va a ser un error la decisión ¿quiere a su Hermandad?

Y ese hermano que se da de baja de su Hermandad porque le han hecho un feo o un daño tomado de manera personal… Por supuesto su devoción a los Titulares es inquebrantable y nadie podrá quitársela, pero ¿seguir en la Hermandad con esta gente? Realmente ¿quiere a su Hermandad?

Un hermano que denuncia en un Cabildo un desajuste en las Cuentas de la Hermandad, ¿realmente está buscando problemas o es que quiere a su Hermandad?

Cuando dos o más hermanos deciden preparar sendas candidaturas para desarrollar unas ideas que creen positivas para su Hermandad; al poner en la tesitura a los demás hermanos de tener que tomar partido por uno u otro ¿quieren a su Hermandad o sólo debe haber una candidatura?
Y cuando un consiliario y una junta de gobierno boicotean y dinamitan unas elecciones que deberían ser libres, ¿los hermanos deben callar esta situación por amor a su Hermandad? ¿O demuestran más su cariño denunciando el atropello hecho a los hermanos?

Son muchas las situaciones que se presentan día a día en nuestras Hermandades y Cofradías; y en todo caso, como ha dicho nuestro Obispo D. Demetrio, «Las Cofradías no son para personas deseosas de protagonismo que no han podido encontrar en otros ámbitos». Esta sentencia no debemos dejarla de lado ni un solo momento.

Las hermandades están hechas para vivir en fraternidad cristiana. Esto no quita para que en ocasiones la fragilidad humana haga difícil este ideal y se generen situaciones controvertidas que nos desanimen y hagan pensar que no es posible vivir según el mandamiento del amor fraterno en las cofradías.

A modo de reflexión final, y dejando una pregunta en el aire a quien quiera tomarla, me gustaría traer una cita de San Marcelino Champagnat, el fundador de los Hermanos Maristas, la orden religiosa en la que me formé y eduqué. Aunque esta cita la dijera pensando en la vida de los hermanos de la orden que había fundado, también puede aplicarse a las cofradías de Semana Santa: «Os ruego también, queridísimos hermanos, con todo el afecto de mi alma y por el que vosotros me profesáis, que practiquéis siempre la santa caridad entre vosotros. Amaos mutuamente como Jesucristo os ha amado. No haya entre vosotros más que un solo corazón y un mismo espíritu. Ojalá se pueda decir de vosotros como de los primeros cristianos: ¡mirad cómo se aman!»

Las hermandades son el conjunto de personas que la forman. Personas diversas, con distintos pareceres y caracteres. Y esa diversidad es la que puede llegar a enriquecer a cada hermandad. Querer a tu hermandad es querer a tus hermanos. Y querer a tus hermanos es querer a tu Hermandad… ¿O no?
 

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