Ocurre con una lamentable frecuencia en este tiempo que los snobs más recalcitrantes han venido en denominar Pre-Cuaresma y nos explota en las manos cuando la Cuaresma de verdad florece como la incipiente primavera. Es cierto que hay ciertas excepciones, honrosas, eso sí, pero excepciones al fin y al cabo… muy contadas. Y la culpa es nuestra, de los cofrades, de los que mandan y de todos los demás. Hagan la prueba, con la hermandad que quieran, salvando los dos o tres ejemplos que casi todos tenemos en mente. Acudan a cualquier culto y comprobarán que la asistencia es desalentadora.
Los cultos de nuestras hermandades están vacíos, salvo el día en que se celebra la función principal y no siempre. El resto de los días que componen el ciclo de turno, triduo o quinario, en las iglesias hay cuatro gatos mal contados. Algunos dirán que exagero, pero nada más lejos de la realidad y los que sí acuden a los cultos lo saben. Algo estaremos haciendo mal en las cofradías y para hallar soluciones lo primero es ser consciente de que tenemos un problema. Se multiplican por doquier en los últimos tiempos, en realidad se reproducen como setas, decenas de eventos superfluos que incrementan la densidad de la agenda cofrade y que no son más que una metáfora del consumismo que asola a la sociedad que nos ha tocado vivir. Actos de cara a la galería, exaltaciones, meditaciones, pregones, presentaciones de carteles, conciertos varios… decenas de eventos que centran su atención en la cáscara, en lo superficial, en la piel y no en las entrañas ni en la sustancia. Celebraciones hermosas, ¿qué duda cabe?, pero despojadas, la mayor parte de ellas, de cualquier hálito de trascendencia, sino para fanfarronear enchaquetados y perfectamente maqueados, luciendo palmito y horas de peluquería, para mayor gloria de la infinita trivialidad que rodea a nuestras cofradías, cada vez más cerca del papel couché y más lejos de Dios.
Si usted, miembro de junta de gobierno, quiere triunfar como Los Chichos organizando un acto cofrade, lo tiene sencillísimo. Incluya en el programa, de lo que sea, una buena ración de Agrupación Musical y de Cornetas y Tambores, y asunto arreglado, asistencia masiva asegurada. Y si de paso lo adereza con un pregoncito –lo llame como lo llame- más o menos elaborado de algún gurú del mundillo, entiéndase un costalero famoso o mejor aún, un capataz, a ser posible con una extensa cuadrilla de fieles detrás, cuelga usted el cartel de no hay billetes seguro, oiga. Habrá quien piense que si ésta es la piedra filosofal, ¿por qué no un miniconcierto de marchas para finalizar cada día del triduo, o sustituir la homilía del sacerdote de turno por un speech del capataz más mediático de la plaza?, si total ya puestos, de perdidos al río…
La escuálida presencia de hermanos en los cultos de las hermandades, los de verdad, es un síntoma de que la formación brilla por su ausencia y que congregar a diez o quince chavales cada x tiempo a una charla con el consiliario puede ser necesario, pero en ningún caso suficiente. De hecho, solamente las hermandades que de verdad se han preocupado en los últimos tiempos de cuidar su formación gozan de cierta asistencia a sus cultos, más allá de las dos o tres hermandades que son capaces de arrastrar gente hagan lo que hagan, por el reclamo innato que atesoran, aun careciendo de una auténtica formación. El resto, nada de nada, y debería dolernos a todos, a los que lo constatamos desde fuera, a los hermanos que no acuden a participar de los días más importantes del año, cada uno por las razones que sean –justificadas o no-, a los directores espirituales, algunos de los cuales parecen más preocupados en lucirse en redes sociales que en detectar “este tipo de cosillas” y por descontado a los dirigentes que, en lugar de asumir que existe un problema, evaluarlo y ser capaces de poner soluciones, se empeñan en negar la realidad; una negación que no conduce a nada, salvo a seguir regodeándonos en nuestras propias miserias hasta despeñarnos y despeñar a nuestras cofradías, por el abismo de la más estéril vacuidad… eso sí, envuelta en papel celofán.
He dicho
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