Cuando el paso y la música son uno

Se acerca poco a poco la Cuaresma, ya ha entrado el mes de febrero, en el que la despedida a Don Carnal y nos impongan la Señal de nuestra fe en la cabeza.

Para los cofrades es algo más que un símbolo, es el comienzo de los nervios y los preparativos para los que tanto hemos esperado, algunos empezarán a planchar túnicas y muchos a soñar despiertos con nuestros titulares caminando al compás de esa música que tanto se está ensayando.

Cuando la conjunción entre el trabajo de los costaleros y el trabajo de los músicos, hace que la escena sea todavía más abrumadora para los sentidos, haciendo que los sentimientos broten de tal manera que parezca que Dios y su Madre caminan entre nosotros.

Las Hermandades buscan la conjunción perfecta para cada salida y cuando llega, es muy difícil que se rompa. Muchas hermandades han llegado a encontrarlo, renovándose cada año la unión entre esas dos elementos que parecen uno, haciéndose casi inimaginable separar sus caminos.

El buen hacer llega al corazón de la gente de tal manera que quizás sea importante olvidarse de nombres y personas, ya que las personas pasan, pero las bandas y las hermandades quedan, de tal manera que, pese a los años y las personas -y sus opiniones- en el imaginario colectivo queden esas escenas de andares cadenciosos al sonar la Banda que con tanto orgullo sigue sus pasos.

Hay que recordar que las juntas son formadas por personas que tienen tiempo de caducidad y no son perpetuas, por lo que, a veces, los comentarios hay que omitirlos o no hacerles caso, para que esas escenas nunca se pierdan.