La historia de las hermandades se alimenta de pequeños detalles que configuran su herencia colectiva, esa sucesión de elementos que constituyen su idiosincrasia y las tradiciones que lentamente se van construyendo a lo largo de la secuencia temporal en la que desarrollan su existencia. De cuando en cuando las corporaciones modifican las costumbres que comprenden su legado, añadiendo determinados factores que pasan a engrosar su patrimonio sentimental. Ocurrió cuando la Paz de Capuchinos, allá por los años noventa del siglo pasado, determinó separar los cultos que dedicaba a cada uno de sus titulares o cuando la Merced decidió visitar el Colodro en 1986.
Y es que la realidad de nuestras corporaciones no es en modo alguno inmutable. Muy al contrario se va adaptando a las circunstancias y adopta nuevas formas y en ocasiones cultos que se reparten a lo largo del curso cofrade. Atrás quedan los tiempos en los que el calendario de cada cofradía se reducía a la salida procesional y a un par de fechas al año. Hoy cada hermandad, salvo determinadas excepciones, dedica cultos individuales a cada uno de sus titulares, que incluyen rosarios públicos, vía crucis, besamanos o besapiés, fiestas de regla, celebraciones de titulares secundarios o Cristo Rey, de tal manera que la densidad de cultos se ha ido incrementando exponencialmente en las últimas décadas.
Una de las cofradías que ha añadido estas costumbres en los últimos años, adoptando la creencia de que nunca es excesivo el culto externo que dé muestra fehaciente y pública de la fe católica del cofrade, es la hermandad de Jesús Nazareno que desde hace unos años no limita la salida de su titular cristífero a la tarde del Jueves Santo, sino que permite disfrutar de su presencia cada Viernes de Dolores cuando recorre las calles de San Lorenzo en solemne Vía Crucis. Además, el pasado año, la Junta de Gobierno de la corporación quiso aplicar esta máxima también a su titular mariana. De este modo, María Santísima Nazarena salió a la calle en septiembre de 2016, para ser objeto de un Rosario Vespertino y derramar su esencia por las calles del barrio del que es insigne vecina recibiendo el cariño de sus fieles.
Tal y como adelantase su hermano mayor, Víctor Molina, el pasado mes de junio, este año María Santísima Nazarena ha vuelto a visitar San Lorenzo en rosario vespertino, al igual que hiciese el pasado 2016, en una jornada histórica en la que, además de atravesar las puertas del templo fernandino, hizo lo propio con la Parroquia de San Andrés, en una jornada que ya forma parte de la historia de la corporación cordobesa. En esta ocasión su periplo se ha circunscrito a San Lorenzo, lugar hasta ha llegado recorriendo las calles Jesús Nazareno, San Agustin, Pozanco, Custodio, Plazuela Don Arias, Cristo y Jesús del Calvario.
Tras su estancia en la Parroquia, la Virgen regresó a su hogar por un itinerario que ha discurrido por Roelas, Plaza San Rafael, Plaza Juan Bernier y Jesús Nazareno. María Santísima Nazarena ha ido acompañada por la música de la Capilla de la Banda de La Esperanza desde la salida de su Hospital con la música del Ave María de Haendel y acompañada por un sobrio cortejo que la ha acompañado por los rincones de su barrio. Especialmente emotivos han sido los instantes vividos en la Parroquia de San Lorenzo como los instantes en los que ha visitado al Santísimo Remedio de Ánimas en su capilla o se ha encontrado con la Virgen de Villaviciosa, otra de las devociones esenciales de la Córdoba Cofrade, para cuajar otro tesoro para engrosar la memoria colectiva de los hermanos de Jesús Nazareno y de toda la Córdoba Cofrade.





