Antigua, devoción universal

Cuando uno acude a la capilla de la Antigua contempla una pintura mural del siglo XIV, donde destaca una Virgen de tintes bizantinos a modo de Odegetría, portadora y gloria del Niño Jesús. Llamarán la atención las banderas americanas que en la parte superior aparecen colocadas, sobre la reja, y que son un reconocimiento a todas aquellas personas que, tras venir del Nuevo Mundo, se acercaban a los pies de la Señora en agradecimiento por haber regresado con vida.

Según la leyenda, un ángel condujo a Fernando III hasta un muro donde detrás se encontraba la imagen de la Virgen. La tradición oral fue representada por Daniel Franca para el cartel de Glorias de 2012, donde nuevamente las miradas se fijaron en una iconografía centenaria. Cuando el rey Santo entró en la ciudad, liberó la pintura de su cárcel de piedra. No es extraño que una de las vidrieras de la capilla represente a Fernando III. La tradición oral, que hablaba sobre un muro de un antiguo templo visigótico donde se encontraba esta pintura, termina siendo solo una creación que nada tiene que ver con la realidad, ya que la imagen data del siglo XIV. Sin embargo, su posición estaba contraria a la actual, hasta que en 1578 se traslada a su nueva ubicación tras petición del arzobispo Cristóbal de Sandoval. Siglos más tarde, Duque Cornejo ejecutaría el retablo de mármol. Antes, la capilla ya había sufrido varias modificaciones, como la elevación de su altura y la ampliación del espacio, pues el cardenal Diego Hurtado de Mendoza quiso que allí se levantara su sepulcro. También yace el arzobispo Luis de Mendoza y Gaspar de Zúñiga y Avellaneda.

Aunque los orígenes no están del todo claros, varios estudiosos piensan que la advocación proviene de la Edad Media, siendo sus orígenes castellano-leoneses ― en Medina del Campo existía una ermita con este nombre ya en el siglo XII ― pero lo que sí es cierto es que la primera representación se encuentra en la capilla que lleva su nombre, en la catedral hispalense. Gracias a los navegantes que viajaron a América, la advocación llegó a las nuevas colonias. Entre esos devotos se encontraba Cristóbal Colón, quien bautizó una de las islas con su nombre. También los 18 supervivientes de los alrededor de 250 tripulantes que realizaron la primera circunnavegación de la tierra, en la expedición que comandaron Magallanes y posteriormente Elcano, quienes se postraron ante Ella una vez de regreso a Sevilla. Esta hazaña la recuerda una placa situada sobre la puerta de la capilla, cuyos muros están recubiertos por pinturas que narran la historia de esta advocación mariana, que le viene dada precisamente por ser María consumación de las profecías del Antiguo Testamento.

La Virgen de la Antigua es patrona de Panamá. Está representada en varias partes de América, como en la catedral de México y en la de Lima. También llegó la devoción a Filipinas, aunque allí se llamó Virgen de Sevilla. Y en la capital hispalense, es patrona de la Academia Sevillana de las Buenas Letras. Su presencia aquí es bastante numerosa: San Juan de la Palma, San Vicente, Los Terceros, San Esteban, el Salvador, Hospital de la Caridad y el de los Venerables…

Con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, el Cardenal Ilundáin corona canónicamente a la imagen, el 24 de noviembre de aquel año, en reconocimiento por una devoción que unió a los dos continentes. Durante los días 21 al 23, se llevaron a cabo los solemnes cultos preparatorios de la coronación. Un día después, comenzaba el pontifical, con una eucaristía que presidió monseñor López Criado, obispo de Cádiz. Pero los actos continuaron después de esta ceremonia, desde el día 25 al 27, con misas y procesión por las naves de la catedral. El Cardenal Ilundáin recordó durante los actos de la coronación, algunos de las devotas personalidades que se postraron ante ella, como San Diego de Alcalá, San Juan de Ávila y San Juan de Ribera, estos dos últimos beatos por aquel entonces.

A lo largo de los siglos la pintura ha sufrido varias restauraciones. La primera de ellas conocida, realizada a principios del siglo XVI por Francisco Florentín, siguiendo la de Antón Pérez entre 1547 y 1548 y la de José Escacena y Diéguez en 1907. Llegó a tener tal importancia que Carrero Rodríguez afirmó que “con la Virgen de los Reyes, la de la Sede y la de la Hiniesta, forma los pilares más venerables y vetustos del marianismo hispalense, en una escala categórica imposible de superar”. Y hasta Quevedo la recordó cuando escribió “Y aunque me miráis tan niña / soy más Antigua que el tiempo…”.

En 2004 se conmemoró el 75 aniversario de su coronación canónica, precisamente la segunda en la historia de Sevilla, después de la Virgen de los Reyes. Sin embargo, el tiempo parece haber postrado a una de las máximas devociones hispalenses en el ángulo oscuro del olvido. No hubo pregones ni carteles. Como afirmase Antonio Burgos, “Mejor. Más íntima Sevilla. Más honda”.