La cruz de mayo de las Hermandades de San Francisco -que montan todas a pesar de que figura como titular la Hermandad del Huerto-, se ha alzado con el triunfo en el concurso de cruces 2018, en categoría de Casco histórico que concede cada año el ayuntamiento de Córdoba. Un premio que se traduce en 1200 euros.
El segundo en esta misma categoría ha sido para la Paz (900 euros), mientras que el tercero ha sido para el Resucitado (700 euros). Como premios adicionales de 300 euros, para la Misericordia y Soledad, mientras que hay otro de 200 euros para Calvario. Por otro lado, La Merced ha recibido el galardón correspondiente al tercer premio en zonas modernas.
Un resultado inequívoco que implica que la mayor parte de los premios los copan las hermandades lo que evidencia que por encima del imprescindible objetivo económico que esta celebración representa para las distintas corporaciones, son ellas las que año tras año más se preocupan de otorgarle a esta fiesta la importancia estética que merece y requiere.
Un baluarte de patrimonio y tradición
Desde antaño, el azul añil, fue uno de los colores predominantes en una de las culturas que define parte de lo identidad cordobesa, no solo por sus valores simbólicos, sino además por los de carácter utilitario, ya que, canalones, tiestos. y otros elementos pertenecientes a las casas, eran tintados en esta tonalidad por su capacidad de repeler insectos.
Es así como con el tiempo, se convierte en uno de los rasgos definitorios más esenciales de esos rincones intimistas que tanta gloria dan a nuestra ciudad. No obstante, es innegable que los años corren en contra de este carácter, ya que cada vez se encuentran menos patios y rincones que conserven esta característica.
Curiosamente, este color, fue también empleado en el barroco, con el fin principal de resaltar y dar dinamismo a la arquitectura; hecho que se aprecia perfectamente en la parroquia que respalda este efímero baluarte reivindicativo.
Es por todo ello, que la Cruz de San Francisco, apuesta este año por la defensa de esta tradición: la ponderación del añil, como uno de nuestros rasgos más representativos, que uniendo su penetrante intensidad, con la pureza y el frescor de la blanca e impoluta cal, crea un prototipo idílico y referencial de Córdoba.
La Cruz hunde sus raíces en esta fuente monumental del Claustro, que recuerda las aguas de la vida que brotan salvadoras en el Bautismo. La Cruz Gloriosa, cruz florida, Cruz de Mayo, hace presente la Resurrección y la Vida en el color blanco, como Árbol de Vida. De igual modo, el color azul añil hace alusión al cielo y a la gloria, que nos vienen por la victoria de la Santa Cruz sobre la muerte.
La unión de ambos colores, blanco y azul, evocan además la amistad y la comunión que existen en la Parroquia de San Francisco y San Eulogio entre sus tres Cofradías, Huerto, Caridad y Virgen de la Cabeza, y sus Comunidades Neocatecumenales.
Del maravilloso enmarque arquitectónico que cada año es testigo de esta tradicional fiesta cordobesa, dos pares de arcos han sido utilizados como encuadre para la cruz. disponiéndose así sobre los mismos una amplia cantidad de macetas, que con tiestos y flores blancas, crean una simbólica pared encalada sobre la que la misma destaca .
Para esto se han utilizado petunias, gitanillas, surfinias, pelargonios, hortensias y geranios, agrupadas en un total de 450 macetas.
Por otro lado, la cruz se alza elegante con un color blanco que se ve tímidamente interrumpido por una cenefa azul, dispuesta siguiendo un diseño que Mateo lnurria hiciera para Medina Azahara. Un espiga con acantos, que ocupa el centro de la misma y que se convierte en el otro gran componente protagonista de la Cruz de San Francisco 2018.
De la base de esta, caen una serie de raíces que nutridas por el abundante agua, -elemento indispensable en los cimientos de nuestra tradición- se extienden hacia cuatro puntos de la cuenca superior de la fuente, donde florecen en cuatro cascadas de flor resueltas con un abundante y amplio surtido, manteniendo los tonalidades cromáticos protagonistas de este año.
Anémonas, jacintos, cryngium, phalanopsis, delphinium, aspidistra, ruscus. alhelíes, flor de arroz. Alstroemeria, liliums, rosas, robellini, anastasia, lavanda, eucalipto, tulipán. cineraria, campánulas, minicala, clavel, clavellina, entre otras muchas, se funden con el agua que nutre y da fuerza a este compendio de patrimonio y tradición y que al mismo tiempo sumergen al espectador en una posición idílica y de ensueño.
Por último. en la cuenca inferior de la fuente, han sido dispuestas en cuatro puntos, parejas de impolutas macetas, siendo los primeros de ellas de pelargonios, mientras que las segundas, quedan volcadas a sus lados, mostrándonos las raíces y vertiendo unas nutridas guirnaldas de flor hacia el suelo, en clora correspondencia, con las guirnaldas arquitectónicas de la parroquia de San Francisco y San Eulogio.
Estas son el aval más evidente que representa la unión y el apoyo de todas las hermandades y comunidades de este templo, tanto para con la declaración de Medina Azahara como Patrimonio Mundial, como para la recuperación del añil en los rincones de esta maravillosa ciudad.
En definitiva, un compendio de elementos y símbolos que se convertirá en estos días en una reivindicación contundente. Y es que la Cruz de San Francisco está con Medina Azahara, está con nuestros orígenes y lo hace alzándose como un indiscutible baluarte de Patrimonio y Tradición, Apertura y Comunión.












































