Prácticamente a falta de un mes para que la prohermandad de la Bondad materialice el sueño de ver por vez primera en la calle a Nuestro Padre Jesús de la Bondad, el 6 de abril de 2019, una semana antes del Sábado de Pasión, jornada que la corporación del Santuario ha querido denominar de manera extremadamente significativa «Sábado de Bondad», el artista de cuya gubia nació, Antonio Bernal Redondo, ha compartido una imagen cargada de una singular emotividad; una fotografía en la que se aprecia al imaginero cordobés tallando a la imponente imagen de la Fuensanta, en la intimidad de su taller de la Plaza de las Doblas. Una escena íntima que adquiere, en virtud de esta fotografía, la categoría de pública para engrosar el maravilloso universo de recuerdos memorables que son tesoros irrenunciables para los hermanos de la jovencísima corporación.
«El Cristo de la lágrima en la mejilla» fue bendecido el 27 de enero de 2018 en el corazón sentimental de todo un barrio, el Santuario de la Fuensanta, bajo la atenta mirada de la Co-Patrona de Córdoba, por el máximo representante de la Diócesis, Monseñor Demetrio Fernández, obispo de Córdoba, quien recordaba a los miembros de la corporación el camino que aún les quedaba un arduo por recorrer y al mismo tiempo subrayaba, ante todos los presentes, que Jesús, “que nos entrega su libertad”, está en el Cielo y en la eucaristía. Una emotiva ceremonia que tenía lugar en un templo a reventar de cordobeses ávidos de ser testigos de la bendición de esta imagen impresionante, espectacular, por su tamaño y por sus formas.
Dos metros mide la imagen cristífera nacida de la gubia del imaginero Antonio Bernal, cuya presencia atravesó por obra y gracia de la magia de Bernal la frontera de los sueños para convertirse en realidad. Una imagen concebida para presidir el misterio de las negaciones de San Pedro y que, presumiblemente, deparará determinadas sorpresas sobre el paso en que camine entronizado el impactante Cautivo, como un gallo y un pozo, clarísimo homenaje al Pocito que habita a las puertas del Santuario, símbolo de todo un barrio y metáfora de una hermandad que pretende beber de la esencia del barrio en el que ha nacido y se está desarrollando.
Pero más allá del misterio que el futuro deberá terminar de concretar, Nuestro Padre Jesús de la Bondad ya impresiona de motu proprio, sin necesidad de más atavíos que su infinita presencia, en virtud de la creatividad de uno de los más importantes imagineros contemporáneos. Una grandeza que lo inunda todo cuando se siente su presencia y que se revela en el tamaño de manos y pies que presumen una fuerza inusitada pero al mismo tiempo, por la dulzura que emana de su rostro, en cuya mejilla izquierda se derrama una lágrima de amargura y melancolía, que sintetiza la tristeza de saberse negado por aquellos que compartieron con Él su vida. Un sentimiento que muchos habrán experimentado en algún momento de su vida.
Nuestro Padre Jesús de la Bondad es dulzura infinita y desamparo, fortaleza y compasión. Una representación del Hijo de Dios que atesora el sello inconfundible de las últimas obras de Bernal, acaso con ciertas reminiscencias de Ortega Bru, pese a que los rasgos difieran sustancialmente de las imágenes del genio sanroqueño. Una fuerza y espectacularidad a la que contribuye de manera decisiva la impresionante zancada de un hombre que camina, en medio del rechazo, hacia su misión inexorable. Una zancada muy poco común en un Cautivo, casi siempre representados de forma estática, que lo singulariza para dotarlo de la categoría de único. Una imagen perfecta para cautivar al barrio en el que sus jóvenes devotos decidieron soñarlo, y desde ahí, conquistar el corazón de Córdoba entera.





