Es algo que nunca entiendo ni entenderé. Los lectores que leen o han leído alguno de mis artículos de opinión, sabrán y notarán que poseo y exijo -quizás para algunos de manera exagerada- un rigor y una consecuencia con los actos y estilo que rodea a las cofradías y a la Semana Santa en general, lo siento, pero considero muy importante mi religión para que se haga un uso en muchos momentos fraudulento de la misma.
Anteriormente hablaba de rigor y de ser consecuentes en los actos, y ahora hablo de las cofradías en particular. Cuando un grupo de hermanos, decide poner en marcha un proyecto tan ilusionante como dificultoso para hacer nacer y crecer una hermandad penitencial, doy por hecho que se valoran todos y cada uno de los puntos y situaciones que se dan para estudiar la viabilidad real de que ese deseo fructifique y lo que es más importante, se haga con garantías. Supongo que se estudiarán temas como su sede canónica, su idea, su fin, su labor pastoral, etc.
Es por todo lo anterior, que me sorprende para mal, alguna moda en el que pasados unos años y sin que las parroquias se muevan de su sitio -físico- hay cofradías que deciden recortar sus recorridos saliendo o finalizando sus estaciones de penitencia en parroquias o templos distintos de los que rezan en sus estatutos. La última que parecía sumarse era la Hermandad de las Palmeras, una cofradía que nació conociendo de antemano la laboriosidad que suponía hacer estación de penitencia a la Carrera Oficial y que una vez comprobada la dura realidad -y eso que ya han intentado improvisar en alguna ocasión fruto de la falta de estudio- acuden a esa moda que personalmente no me gusta lo más mínimo.
Hay situaciones perfectamente entendibles -véase unas obras en una Parroquia- que hacen inevitables este tipo de cambios, pero lo que no es tan entendible, es querer salir a la calle en Semana Santa por lo civil o lo criminal aunque eso suponga que los titulares caten dos mármoles distintos su día de salida.





