El equipo de gobierno de la Hermandad del Descendimiento, que preside Manuel Aguilera, viene dando muestras en los últimos tiempos de un especial mimo en todas y cada una de las iniciativas que emprende con el objetivo de situar el nombre de la corporación en el lugar que le corresponde a una hermandad llamada a ser referencia indiscutible de un barrio que profesa una inmensa devoción por el crucificado de San José y Espíritu Santo, como queda evidenciado con las mareas de fieles que siguen sus pasos cada Viernes Santo desde hace ya décadas.
Un cuidado del detalle que se pudo apreciar en el buen gusto materializado en el altar de cultos que presidió el pasado mes de diciembre Nuestra Señora del Buen Fin y con la determinación de propiciar una evolución al diseño del paso de palio de la dolorosa, de la mano de Fray Ricardo de Córdoba y Antonio Villar, apostando por la idea de conservar todo lo bueno heredado y mejorar lo que sea susceptible de mejorar, entendiendo que son los detalles los que convierten una hermandad grande en una gran hermandad.
Un nuevo ejemplo de esta premisa ha sido ejemplificado por el equipo de priostía de la Hermandad del Campo de la Verdad que, con motivo del Quinario que comenzará este lunes, ha dispuesto, en el altar mayor de su sede canónica, una espectacular escena presidida por el crucificado de Amadeo Ruiz Olmos, que este año cumplirá 80 años de su primera estación de penitencia, en el que ocupan un lugar de privilegio a los pies de su Hijo, María Santísima del Refugio, María Salomé, San Juan, María Cleofás y María Magdalena, todas ellas imágenes realizadas entre 1997 y 1999 por Miguel Ángel Jurado, además de los Santos Varones, José de Arimatea y Nicodemo, obra de Alfonso Castellano realizadas en 2010, que están situados en la cima de la Cruz. Un montaje espectacular conformada por todas las figuras del misterio de la cofradía que ataviadas por Antonio Villar, aventuran una imagen excepcional, a la espera de que la disposición de la flor y la cera sublimen el resultado.





