La Fe de los que esperaron el momento

Como se dice popularmente en nuestro mundillo, “qué bonito es ver un palio de vuelta”. Pues imaginaros un palio de vuelta, después de una pandemia, y tantos meses después que hasta he perdido ya la cuenta.

En diferentes puntos geográficos andaluces, varias hermandades pusieron sus tronos o sus parihuelas en las calles de sus pueblos y ciudades. Cientos de personas pudieron ver a sus imágenes de nuevo por las calles, donde se intuía la sonrisa detrás de las mascarillas al ver el discurrir de la hermandad; donde los aplausos fueron más largos que nunca; pero donde lo más largo fue el tiempo de espera hasta que todo esto ocurriera. Y mientras tanto, unos defendían esto, mientras que otros no, cada uno con sus razones. Pero aquí estamos. Y como he dicho tronos y parihuelas, no me he referido todavía a lo ocurrido en Arcos el pasado fin de semana.

Valentía, señorío, buen hacer, y si me lo permitís, valentía de nuevo. La propia hermandad lanzaba un video del protocolo realizado en sus ensayos, con test de antígenos para sus costaleros y el cuerpo de capataces. Una procesión extraordinaria pero por sentido doble, ya que quedará en nuestra historia como la primera después del covid. Una apuesta por lo criticable por muchos, y lo admirado por otros, pero donde la Fe siempre estuvo presente. Quizá aún nos quede para volver a la realidad anterior, a la de la Semana Santa 2019 tal cual, pero no pasa nada. En estos dos años, hemos aprendido a conocer las sonrisas detrás de las mascarillas, a mantener distancias y a ser más responsables. Aun así, la bulla volverá a estar presente porque es inevitable. Y algunos dirán, ¿entonces dónde está la seguridad? Y claro, no vivimos en el principio de toda esta pesadilla. Aunque no lo creáis, las vacunas y las mascarillas, funcionan. Y si no, al tiempo.

Hermanos, qué poco nos queda para el Domingo de Ramos…