Impecable puesta en escena la que ha regalado la Hermandad de la Piedad de Palmeras al pueblo de Córdoba en esta histórica tarde de Cuaresma. Un cortejo cuidado, un cúmulo de pequeños detalles que paulatinamente se van haciendo notar en la imagen de esta cofradía y unos hermanos comprometidos, que han logrado superar con nota cada una de las vicisitudes que se le han puesto por delante como el considerable retraso acumulado en el primer tramo del traslado que fue recuperado con solvencia en el segundo, merced al trabajo bien hecho por parte de toda la corporación y en particular por el equipo de capataces y el sobresaliente compromiso costalero que ha dejado una huella imborrable en propios y extraños, a pesar de que la empresa, por momentos, parecía haberse convertido en inasumible.
Todo lo contrario. La Hermandad del barrio de palmeras ha dado hoy ese pequeño paso que le faltaba para incorporarse con pleno derecho, y ¿por qué no decirlo? con todo el orgullo que merece esta humilde corporación, al selecto grupo de corporaciones cuya evolución, evidente y palpable, ha logrado superar la despreciable etiqueta que algunos todavía le atribuían. Ya no hay excusas. Este sábado, la Piedad de Palmeras ha demostrado que quienes no le otorguen su respeto, no merecen adjetivsrse como cofrades.
Tras superar el tramo más árido del recorrido, el cortejo se adentró en el eje Trinidad-Catedral, dejando trás de sí el dulce regusto de la merecida recompensa tras el trabajo denodado de sus hermanos. Mención especial merece el elegante cortejo que ha antecedido el sobrio caminar del Señor de las Palmeras, el impresionante crucificado nacido de la gubia del imaginero Antonio Bernal que ha acompañado a su Cristo en buena parte del recorrido hasta la Santa Iglesia Catedral. Acompañado por los sones del trio de capilla «Ad Finem Tecum», que ha escogido un magnífico repertorio para la ocasión, envolviendo en un aura de sobriedad el caminar del cortejo, el impresionante crucificado ha vuelto a dejar patente que estamos ante una de las imágenes contemporáneas más importantes de la Semana Santa de Córdoba.
Un crucificado que propiciaba una escena excelsa, erguido sobre la nueva parihuela realizada por Javier Bueno y luciendo cuatro faroles de plata, cedidos para esta ocasión especial por la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Rambla, que fueron estrenados en 1963 en el antiguo paso de plata. Unos faroles que proceden de los Talleres Angulo de la localidad cordobesa de Lucena.
Dos hacheros de plata a los pies del crucificado imprimían una mayor seriedad y elegancia al conjunto. Estas piezas son también de los Talleres Angulo, pero realizado por la primera generación, a principios del siglo pasado, restaurados por la Hermandad para la Capilla del Señor. Todo ello completado por un exorno floral compuesto principalmente por iris sobre la parihuela con un moldurón en oro y faldones de terciopelo burdeos y galón dorado realizados por la Escuela de Costura de la Hermandad.
Especialmente emotivo ha sido, tras concluir el rezo del viacrucis en el interior de la Santa Iglesia Catedral, el paso de la cofradía por las calles Romero y Almanzor, en las que la presencia de algunos faroles ha puesto a prueba la destreza de la cuadrilla que ha resultó todos los problemas con indudable maestría. Tras atravesar la Puerta de Almodóvar el cortejo ha continuado su camino,, de manera mucho más íntima hasta llegar a su barrio, con la incalculable satisfacción de haber superado el desafío con una nota muy elevada.
Elementos, todos ellos, que se han conjugado a la perfección, componiendo una cuidada escenografía, para regalar a los cofrades cordobeses una magnífica tarde de Cofradías por obra y gracia de la Hermandad de La Piedad de Palmeras que ha vuelto a hacer historia.















































































