A contracorriente | El sueño húmedo de una noche romana

La juventud era una playa repleta de chicas esculturales en bikini con las que nunca ligarías. Ni en la orilla ni en aquellos primeros chiringuitos chill out, porque siempre aparecía un grupito de italianos que arrasaban como Roma lo hizo con occidente para traer la civilización.

Pero, a diferencia de sus ancestros, los italianos no aportaban ingeniería y sí la arquitectura de una vestimenta impoluta, un acento agradecido y un encanto propio del mejor prestidigitador para quedarse con la chica. 

El sueño húmedo de aquellos adolescentes era un curso de italiano de CCC y aprender a combinar camisas con pantalones cortos y unos buenos mocasines. Pero siempre estaba latente el riesgo de convertirte en la peor versión de Julio Iglesias. 

Pero esas intuiciones de la juventud se fueron apagando y evolucionando. Y, mientras a algunos nos dio por escribir versos atropellados para conquistar con la palabra escrita lo que no conseguíamos con la hablada y sabíamos que nunca combinaríamos la ropa como el Paolo de turno; a otros les dio por dedicarse a eso de la seguridad pública, conocedores de que el uniforme pone mucho a determinado tipo de público. 

Y con ese sueño cumplido, el destino -que es caprichoso y estrafalario como un nuevo rico- que el sueño húmedo se convirtiera en un órgano llamado Cecop y que su emblema fueran las vallas. Vallas por aquí, vallas por allí y la bolita escondió el truco del prestidigitador italiano en la playa, que no era y ligar, sino el control. 

Y como todo tiene su Meca, la del Cecop, en un alarde de justicia poética, se plantó en Roma este sábado. Las vallas al paso de la procesión jubilar ofreció el paraíso en la tierra de todo responsable de seguridad, la gente en su sitio y amplias avenidas , expeditas, inmaculadas. Los sueños adolescentes se cumplen y en los lugares más insospechados.