A contracorriente | La mala memoria de Palacio

Decía el famoso tango de Gardel aquello de que veinte años no son nada, aunque con la esperanza de vida actual es casi la cuarta parte la existencia. Y ese último cuarto de vida (o más si no se llega a los ochenta) y casi un cuarto de siglo, las hermandades de Córdoba se lo han pasado en grande con el mismo delegado de cofradías.

De hecho, algún hermano mayor podria haber llegado a pensar que el cargo es vitalicio. Y también que todo ha sido una balsa de aceite durante estas casi dos décadas y media. 

Y ciertamente lo ha sido, pues ya nadie se acuerda del conflicto de la Misericordia, de las gestoras (ni en La Agonía y eso que fue hace relativamente poco), de la suspensión de las elecciones del Carmen, de la paralización de la actividad de la Salud de Puerta Nueva, de la guerra civil (en sentido figurado) que hubo en el Calvario, de las impugnaciones de procesos electorales que quedaron en nada, de ls prórrogas en los mandaros a unos sí y a otros no. 

Nadie se acuerda porque no pasó, porque todo ha sido felicidad y magnas de las que presumir. Luego, cuando un problema interno sale a la luz, la culpa se reparte entre el filtrador, el medio que osa publicarlo y el que firma la información, porque tienen el atrevimiento de intentar disolver la balsa, la de aceite, y eso es de pecadores.