Hay decisiones que terminan convirtiéndose en una radiografía perfecta del nivel de una determinada realidad. El extraordinario contrato suscrito por la Banda de Cornetas y Tambores de la Salud de Córdoba para acompañar el próximo Miércoles Santo a uno de los pasos de las Cofradías Fusionadas de Málaga constituye una magnífica noticia para la música procesional andaluza, pero también un severísimo correctivo para el universo cofrade cordobés. Que una formación de semejante categoría, indiscutiblemente la mejor en su estilo de la capital cordobesa y situada desde hace años entre las grandes referencias de la geografía cofrade española, haya tenido que encontrar fuera de su tierra el reconocimiento que no ha hallado en casa resulta tan doloroso como revelador. El viejo refrán según el cual nadie es profeta en su tierra vuelve a adquirir plena vigencia. Y no deja de ser profundamente significativo que una ciudad con la riqueza patrimonial y cofrade de Córdoba contemple cómo uno de sus mayores patrimonios musicales cruza sus fronteras para poner su talento al servicio de otra Semana Santa mientras aquí algunos continúan convencidos de haber tomado la decisión correcta.
No corresponde ahora detenerse en todas las circunstancias que desembocaron en esta situación, aunque resulta imposible ignorar que detrás de ella existe un vergonzoso tejemaneje urdido bajo un paso de misterio, ejecutado con la complicidad de un capataz, de determinados miembros de una junta de gobierno y, sobre todo, con la pasmosa incompetencia de quienes estaban llamados a impedir semejante despropósito. Lo verdaderamente grave no es únicamente la salida de una banda extraordinaria. Lo verdaderamente preocupante es la naturalidad con la que determinados responsables son capaces de sacrificar la excelencia cuando esta interfiere con intereses personales, pequeñas vendettas o mezquindades impropias de quienes administran instituciones que deberían regirse exclusivamente por el bien común. Cuando la estulticia sustituye al criterio, cuando la venganza ocupa el lugar de la inteligencia y cuando el odio acaba condicionando decisiones de enorme trascendencia, el resultado difícilmente puede ser otro que el empobrecimiento colectivo.
Mientras tanto, Málaga hace exactamente lo que hacen las ciudades inteligentes: aprovechar las oportunidades que otros desperdician. Las Cofradías Fusionadas incorporan a una formación musical sencillamente superlativa, cuya trayectoria habla por sí sola y cuya capacidad interpretativa constituye desde hace años una referencia indiscutible dentro del panorama nacional de las cornetas y tambores. Para la ciudad de la Costa del Sol se trata de un magnífico negocio cofrade; para Córdoba, en cambio, representa una pérdida difícilmente reparable. Ojalá el contrato, que inicialmente tendrá una vigencia de un año, no sea más que el principio de una relación duradera entre la Banda de la Salud y las hermandades malagueñas. Porque cuando una institución sabe valorar el talento ajeno merece disfrutarlo. Mucho peor sería que esta vinculación terminara siendo únicamente un paréntesis antes de regresar a un escenario donde algunos demostraron no haber comprendido nunca el verdadero valor de aquello que tenían entre sus manos.
Naturalmente, quienes impulsaron semejante disparate difícilmente reconocerán algún día el daño ocasionado. Quien adopta decisiones guiado por el resentimiento rara vez posee la grandeza necesaria para rectificar. La soberbia suele impedir cualquier ejercicio de autocrítica y convierte los errores en dogmas irrenunciables. Sin embargo, precisamente por eso resulta necesario recordarlo desde la distancia que proporciona la opinión libre. Córdoba ha perdido muchísimo con todo lo sucedido. No únicamente una banda extraordinaria, sino también una oportunidad de demostrar que sabe cuidar y proteger aquello que representa la excelencia. Las ciudades que aspiran a crecer retienen el talento; las que permiten que se marche terminan resignándose a contemplar cómo otros disfrutan de aquello que ellas fueron incapaces de valorar. Y, desgraciadamente, pocas imágenes describen mejor la realidad musical cofrade cordobesa actual que ver a una de sus mejores bandas haciendo las maletas para triunfar allí donde sí han sabido comprender lo que realmente vale.





