El rincón de pensar | Los cultos invisibles

Hay algo que resulta difícil de entender en nuestras Hermandades: hermanos que se llenan la boca hablando de su amor y devoción a los Titulares, pero que después no encuentran un momento para asistir a un Quinario, un Triduo o cualquier otro acto de culto.

Parece que la Hermandad solo existe cuando se abren las puertas de la iglesia y los pasos salen a la calle. Como si la devoción se midiera en marchas, levantás y fotografías.

Mucho amor proclamado y muy poca presencia demostrada.

Nadie pretende juzgar las circunstancias personales de cada hermano, pero sí invitar a una reflexión: ¿qué sentido tiene presumir de pertenencia si después nos olvidamos de participar en la vida de nuestra Hermandad?

Porque una Hermandad no es únicamente una Estación de Penitencia. Es oración, es compromiso y es culto. Y nuestros Titulares merecen algo más que palabras y golpes en el pecho.

Quizás ha llegado el momento de demostrar nuestra devoción también cuando no hay bandas, ni aplausos, ni público.

Cuando la iglesia se llena de silencio y nuestros Titulares esperan a sus hermanos.

Porque los cultos no son invisibles. Los que a veces nos hacemos invisibles somos nosotros.